Paseo: Buenos Aires para los amantes de la literatura

El antiguo estudio de Ernesto Sábato (foto de Eva McD)

Es cierto, Buenos Aires es la ciudad del tango. Pero no exclusivamente. Sólo basta con pasear un poco por la ciudad para sentir que está llena de historias que inspiran a cualquier escritor. Los invitamos a dar una vuelta siguiendo el rastro de la literatura porteña… Y quién sabe, tal vez regresen con ganas de escribir alguna asombrosa novela.

La Buenos Aires de los escritores

Imposible no empezar con el único e inigualable Jorge Luis Borges. El ilustre escritor nació el 24 de agosto de 1899 en la calle Tucumán 840. Un poco más lejos, en un sexto piso del edificio de la calle Maipú 994, se encuentra el departamento donde vivió la mayor parte de su vida. Y para sentir (aún más) el alma de Borges, atraviesen el barrio de Recoleta hasta llegar a la Fundación Internacional Jorge Luis Borges creada por su viuda, allí encontrarán distintos objetos y una réplica de su habitación de la calle Maipú.

Muchos lugares de la ciudad conservan el recuerdo de su paso. Por ejemplo en San Telmo, en el primer piso de la que fuera la antigua Biblioteca Nacional en la calle México 564,  observen el escritorio intacto donde ocupó el puesto de director durante 18 años. Tal vez otra forma de conocerlo un poco más sea visitando el Museo dedicado a su gran amigo Xul Solar, en Palermo (un barrio que lo inspiró en incontables ocasiones).

Pero Borges no fue el único escritor de su generación. En la década de 1940, la escritora y traductora Victoria Ocampo había hecho de su casa en San Isidro el lugar de encuentro de las plumas más destacadas del mundo: Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Gabriel García Márquez, Antoine de Saint-Exupéry, Albert Camus, para citar algunos. ¡Imagínense las charlas fabulosas sobre literatura que debieron tener!

Fue en esta casa donde se conocieron la escritora uruguaya Estela Canto y Jorge Luis Borges. Sin embargo, ese amor sería imposible: ella era demasiado libertaria y él demasiado tradicional. En su libro, Estela Canto cuenta uno de sus largos paseos nocturnos: desde la calle Santa Fe, pasearon de la mano hasta el Parque Lezama, luego se sentaron en el anfiteatro, frente a la calle Brasil. Esta historia la cuenta otro autor argentino, Tomás Eloy Martínez, en su libro “El cantor de tango”: su personaje, Bruno, pasa horas sentado en el Bar Británico, frente al Parque Lezama, imaginándose al escritor y su musa…

Después de este paréntesis romántico, salgamos de la ciudad para tomar un poco de aire. Dirección: Santos Lugares, donde podrán visitar la antigua casa del escritor Ernesto Sábato. En esta tranquila casa convertida en museo, pueden sentir la serenidad que lo supo inspirar alguna vez.

Al igual que Ernesto Sábato, el escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry detestaba Buenos Aires. Sin embargo, en pleno centro se puede visitar el departamento donde vivió de 1929 a 1931. Y ya que están por la zona, tómense un café en el London City, donde Julio Cortázar habría escrito Les Gagnants en los 70.

Donde el libro es el rey

Pero no nos quedamos solamente con los escritores… ¡También están los libros! Acérquense a su divino templo: la Biblioteca Nacional. El edificio es impresionante al igual que los tesoros que allí se encuentran. El lugar también es sede de exposiciones, eventos culturales y literarios. Cerquita de allí, una fachada de color rojo les llamará la atención: es el Museo del libro y de la lengua. Las exposiciones serán la invitación para que entren a explorar la historia de la lengua, la edición y en general la literatura argentina.

Por el lado de las librerías, la más espectacular e incomparable es el Ateneo Grand Splendid. Construida en un antiguo teatro, es ideal para recorrer, hojear y hasta sentarse a leer mientras se toman un café en el escenario convertido en confitería. Más confidencial pero igualmente encantadora es la pequeña librería de libros en inglés Walrus Book en San Telmo. Nació gracias a la idea de dos apasionados por los libros, y es cierto que allí se respira un aire mágico: madera, mucha calma y libros del piso al techo.

Y para terminar a puro festejo, tomen nota los afortunados que se encuentren en Buenos Aires: en septiembre no dejen de visitar el FILBA, EL festival de literatura de la ciudad.