5 leyendas urbanas de Buenos Aires

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200 km², 3 millones de habitantes: este inmenso hormiguero que es Buenos Aires puede ser ideal para vivir en el anonimato más extremo. Pero a veces, algunas historias anónimas se transmiten con el correr de los años y se vuelven leyendas urbanas. ¿Por qué? Todas las leyendas comienzan con una historia trágica, mágica o romántica. Luego, existe un rumor popular que se encarga de transmitir la historia y hacerla evolucionar hasta generalizarla. Esta vez, los invitamos a dejar la superstición de lado y animarse a dar un paseo por la ciudad, para conocer las leyendas urbanas porteñas con fantasmas, tragedias y muchos misterios más…

Un taxi fantasma en el cementerio de Chacarita

Como no podía ser de otra manera, nuestro periplo comienza en el cementerio de Chacarita. Con 95 hectáreas, es uno de los cementerios más grandes del mundo. Lo llaman La “Necrópolis”: nada raro ya que es una verdadera ciudad consagrada a los muertos, con sus inmensos panteones, empleados, jardines, calles… ¡y sus historias!

En 1978, un hecho ocupó todos los titulares de la época: una mujer había sido encontrada muerta en el cementerio recostada sobre la tumba de su madre. La joven mujer habría tomado el taxi de la muerte… La leyenda cuenta, en efecto, que un extraño automóvil anda deambulando por la ciudad mezclado en la fila de taxis a la salida del cementerio. Según las fuentes, es un Ford Falcon o un Peugeot, cuya matrícula sería misteriosamente: RIP666. Explica la leyenda que todo aquel que sube a ese taxi comienza a sentir un frío extraño que invade el cuerpo… Y una vez muerto el pasajero, el taxi lo lleva al lugar donde se subió originariamente: al cementerio. Los locales creen más o menos en esta historia, pero hasta los más escépticos suelen desconfiar: por las dudas, nada de tomar taxis a la salida del cementerio…

(Fuente: libro Buenos Aires es leyenda de Guillermo Barrantes y Víctor Coviello)

Una fiesta eterna en el Palacio de los Bichos

El “Palacio de los bichos” – denominado así por las gárgolas que escoltaban su fachada- está ubicado en el barrio de Villa del Parque, exactamente en la calle Campana al 3220.

Este palacio fue construido en 1910 por el italiano Rafael Giordano y debía ser el regalo de bodas para su hija Lucía y su yerno, el músico Ángel Lemos. El matrimonio tuvo lugar en el palacio, el 1° de abril de 1911, con una fiesta increíble, animada, llena de música, baile y alegría. La noche de su boda, los enamorados partieron a su luna de miel: todos los invitados vieron partir a los recién casados en su auto, desde las ventanas del palacio. Pero apenas atravesó el auto las vías, un tren apareció de la nada y atropelló a la joven pareja frente a la mirada horrorizada de la familia y todos los invitados.

El padre, desconsolado, hizo cerrar el palacio. Pero – y en este momento comienza la leyenda- los vecinos cuentan que se escuchaba música y se veía gente bailar en la gran casona abandonada. Y este misterio jamás pudo ser resuelto ya que aparentemente todos aquellos que intentaron en algún momento investigar el caso contrajeron raras enfermedades y se vieron obligados a abandonar la tarea.

Hoy en día, las gárgolas desaparecieron y en la planta baja funciona un spa.

(Fuente: Clarín)

Una tragedia deportiva en la puerta 12 del Monumental

Toda ciudad cuenta con una tragedia deportiva en sus archivos: en Buenos Aires, ésta tuvo lugar el domingo 23 de junio de 1968, en el estadio de River-Plate (también llamado popularmente el Monumental). Ese día se jugaba el superclásico, es decir el partido que enfrenta a los dos equipos históricamente rivales de la capital: River Plate y Boca Juniors. Aquel día, el tiempo pasaba y los 90.000 espectadores se impacientaban: el partido era demasiado aburrido y además hacía un frío terrible. Una buena parte del público que asistió decidió entonces que era momento de retirarse… Pero por esas cosas que no tienen razón de ser, una de las puertas (la puerta 12) no logró abrirse: el resultado fue fatal y 71 personas murieron como causa de la avalancha de gente desesperada por salir. Ese día, que debía ser una fiesta entre equipos rivales, terminó con una tragedia sin igual.

A pesar de las investigaciones, las razones del accidente nunca fueron aclaradas. La leyenda hoy dice que cada año, exactamente el 23 de junio, aparecen por el barrio los fantasmas atormentados de las víctimas… Un restaurante ubicado sobre la avenida Figueroa Alcorta explica que cada 23 de junio no sirven ningún tipo de infusión, al parecer éstas se tornan de color oscuro y tienen un gusto extraño…

(Fuente: libro Buenos Aires es leyenda de Guillermo Barrantes y Víctor Coviello)

Duendes maléficos en la Torre del Fantasma

Seguimos por el lado de la Boca. En la calle Almirante Brown, se encuentra una curiosa torre en medio de la arquitectura más clásica de la calle. La historia de este edificio comienza en 1908. María Luisa Auvert Aurnaud, una rica descendiente de catalanes, decidió invertir en una torre para luego alquilar los distintos espacios. Pero la joven mujer, al sentirse tan feliz por la apariencia extraordinaria y bien catalana de la torre terminada- Guillermo Álvarez fue el arquitecto- decidió instalarse allí. Terminó de perfeccionar el estilo de su nueva casa con mobiliario que hizo traer directamente desde Cataluña.

Sin embargo, un año después, decidió irse del lugar. Según cuentan, ella no soportaba más las críticas de los vecinos que se quejaban porque ella era muy ruidosa… La torre de la Boca retomó entonces la idea original: se transformó en un edificio que alquilaba estudios y talleres a artistas y residencias de departamentos. Entre los locatarios estaba Clémentine, una pintora que vivía en el último piso. Un día, una periodista llegó para entrevistarla y sacó algunas fotos; pero al parecer cuando se revelaron, se dio cuenta de que aparecían en las imágenes unos extraños pequeños duendes… Intrigada, la periodista decidió volver a visitar a Clémentine, pero ya era tarde, ésta se había lanzado desde la ventana poco después de la entrevista.

El motivo de este suicidio, misterioso para muchos, resulta evidente para la propietaria. Ella explicó entonces que había pasado por lo mismo: un acoso constante de los duendes ruidosos y maléficos, que habrían venido junto con el envío de los muebles desde Cataluña. Ella había podido escapar de este agobio al mudarse pero Clémentine no tuvo la misma suerte, ya que según la dueña, habrían sido los duendes los que empujaron a la joven artista por la ventana. La leyenda cuenta que los duendes siguen ocupando el último piso de la torre, haciendo ruido y agitando cosas, y acompañados de los pasos del fantasma atribulado de Clémentine…

(Fuente: Clarín)

Una trágica historia de amor y celos en la iglesia de Santa Felicitas

Esta historia no podía escapar a la clasificación de leyenda, dado que tiene todos los ingredientes necesarios: una bella mujer, amor y tragedias. Todo comienza en el barrio de Barracas, en la calle Isabel la Católica 520, donde se encuentra la iglesia de Santa Felicitas.

El edificio lleva el nombre de Felicitas Guerrero, una joven mujer con una belleza tan extraordinaria como maldita. A los 15 años contrajo matrimonio con un hombre dos veces mayor, Martín de Álzaga. Dos veces quedó embarazada y dos veces perdió a sus dos hijos: el primer hijo muere a los seis años y el segundo nació muerto. A los 26 años ya era viuda y rica. Su belleza era impresionante y no pasaba desapercibida: tenía decenas de pretendientes que la cortejaban. Finalmente, decide responderle su amor a uno de ellos; pero Enrique Ocampo, otro pretendiente loco de celos, asesina a la joven a balazos el 30 de enero de 1872. Sus padres, devastados por su muerte, decidieron construir una iglesia en su honor detrás de la casa donde Felicitas murió asesinada. La iglesia abrió finalmente sus puertas en 1876, cuatro años después de la muerte de su hija.

Según cuentan, el 30 de enero de cada año el fantasma de la muchacha aparece llorando y vestida de blanco. También dicen que si atan por la noche un pañuelo a los barrotes de la iglesia, por la mañana, lo encontrarán  mojado por las lágrimas de la joven alma en pena…

(Fuente : Clarín)