La Casa del Árbol, donde todos nos sentimos un poco artistas

Abrimos una puerta multicolor de una librería y de repente entramos a otro mundo, a un centro cultural acogedor y tranquilo. Dejamos atrás los estantes de autores independientes y rápidamente nos sentimos invadidos por el pacífico ambiente del lugar, con sus luces cálidas, sus frescos de colores vivos y el ritmo de bossa nova que suena de fondo y que nos alegra dibujándonos una sonrisa instantáneamente.

El centro cultural La Casa del Árbol abrió sus puertas al público en 2013, fruto de un grupo de artistas que tenían el proyecto en mente desde hacía un tiempito. Éxito rotundo: el salón principal donde tocan los grupos o se arman recitales es amistoso y a la vez íntimo, la programación es muy amplia y variada, y no nos olvidamos del bar que propone una carta simple pero de buena calidad. ¡Es de esos lugares de los que no dan ganas de irse bajo ninguna excusa!

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Slam, música brasilera, folk, jazz, el programa musical es completamente variado y sin duda para todos los gustos. Lo mejor es seguirlos por Facebook para ver qué propone su agenda cultural semana a semana. Y si pensaban que sólo se presentaban músicos, se equivocan… La Casa del Árbol también organiza eventos artísticos tan diversos como interesantes: ciclos de lectura, obras de teatro, exposiciones de pintura o fotografía y hasta ferias veganas.

Y por último, si bien el lugar es más concurrido al caer la tarde, La Casa del Árbol durante el día brinda cursos de pintura y teatro para niños y adultos. ¡Es realmente una verdadera mina de oro para los artistas en formación! Por la zona también pueden pasear por el increíble Mercado de Pulgas, allí conseguirán todo lo vintage que deseen, justo entre Colegiales y a pocas cuadras del centro cultural.

La Casa del Árbol
Córdoba 5217 – Palermo Soho
Tel: 4772-6993
De miércoles a domingos de 20h a 3h de la mañana
Precios: $

Traductora pública de francés, apasionada por el idioma y la comida de todo el mundo. En parte bretona y porteña a la hora de salir elijo descubrir los lugares con ese "no sé qué" indescriptible.