Arquitectura de Buenos Aires: 5 historias insólitas

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Foto: Julie Desbiolles

Pueden pasar semanas, meses, años, toda una vida en Buenos Aires que la capital argentina siempre va a encontrar una manera de sorprenderlos; ese es su encanto. Aquí les presentamos 5 historias insólitas, poéticas o asombrosas sobre la arquitectura de la ciudad… ¡Material para charlar de lo lindo durante los paseos de domingo!

El mensaje escondido de Evita

Empezamos nuestro periplo por la arteria principal de Buenos Aires: la avenida 9 de julio en pleno centro. A la altura del cruce con la calle Moreno, se levanta el enorme edificio del ex Ministerio de obras públicas, inaugurado en septiembre de 1936.

En 2011, los artistas Alejandro Marmo y Daniel Santoro agregaron dos inmensas estructuras de acero representando a Eva Péron. Una de ellas instalada en la fachada norte, la otra en la fachada sur. Al norte, una Eva combativa que mira hacia los barrios más ricos: la foto en la que se inspiró el dibujo proviene de su discurso del 22 de agosto, uno de los más conocidos, donde miles de personas se juntaron a una cuadra de allí para pedirle que se postule como candidata a la vicepresidencia de la Nación. Del otro lado, de cara al sur, encontramos la cara de una Eva pacífica, maternal y casi icónica, que contempla los barrios más populares.

Pero el simbolismo no para aquí. Sobre la fachada Norte, el famoso rodete de Evita esconde cifras: 2, 0, 2 y 5… Haciendo alusión a las 20:25, la hora en la que el 26 de julio de 1952, “entró en la inmortalidad” – según la célebre frase del comunicado oficial.

La larga historia de los famosos adoquines

Primero, una cifra: 4.000 de las 26.000 cuadras que componen la ciudad de Buenos Aires son adoquinadas. ¿Simple? No tanto, debajo de cada adoquín, se esconde toda una historia…

Pensemos en el Buenos Aires de los años 1800. Las calles de tierra, constantemente húmedas, hacían de la ciudad el lugar soñado por los mosquitos y propicio para cualquier epidemia. Para remediar esto, el virrey Vértiz fue el primero en hacer adoquinar las calles con una piedra que traían de la isla Martín García (situada en el Río de la Plata). Pero cuando Argentina comenzó a exportar carne y granos hacia Europa, los adoquines tuvieron un nuevo uso, se compraban en el viejo continente y servían como lastre para los barcos que cruzaban hacia América. Más tarde, a principios del siglo XX, Argentina decidió reducir los costos y abrió una fábrica de adoquines en Tandil (en la provincia de Buenos Aires). La producción fue intensa y las condiciones de trabajo difíciles: Tandil fue el terreno elegido para las grandes huelgas de principio de siglo…

Se había pensado en otra solución durante un tiempo: adoquines de madera. Al principio se fabricaron con madera europea. Luego, en 1895, la municipalidad de Buenos Aires decidió utilizar algarrobo, una madera local, que resultó ser más adaptada y menos cara. El éxito fue tal que comenzaron a exportarlos: aterrizaron en París, Londres… ¡Y hasta en la plaza de la Rotonda de Roma!

La simetría perfecta del pasaje Rivarola

Los porteños no tienen nada que envidiarle a Moscú y su calle “perfecta”. Entre las calles Mitre y Perón, se esconde el pasaje Rivarola, que no solo corta una cuadra en dos (lo que de por sí es poco común la arquitectura de Buenos Aires), sino que además tiene la particularidad de ser perfectamente simétrica.

Los ocho edificios del pasaje fueron construidos entre 1924 y 1926 por la aseguradora La Rural, bajo la dirección de los arquitectos Petersen, Thiele y Cruz. Además de ser simétrico, la arquitectura es espectacular: cúpulas y torres en cada esquina, materiales de calidad tales como roble, mármol, hierros forjados, etc.

Las casas más antiguas

No nos sorprende que por los alrededores de San Telmo y Monserrat encontráramos las casas más antiguas. Comenzamos por la del Virrey Liniers, ubicada en Venezuela 469. Construida en 1788, fue una de las primeras de estilo colonial. Fue aquí donde los ingleses habrían firmado el acuerdo de rendición después de las invasiones de 1806… Y el virrey Liniers –el mismo a cargo de la reconquista de Buenos Aires- vivió allí entre 1805 y 1809. Hoy en día es un espacio cultural.

Tómense el tiempo para recorrer hasta la esquina de Defensa y Alsina, donde se encuentra la casa Altos de Elorriaga. Construida entre 1812 y 1820, es una de las primeras en tener dos plantas. Lleva ese nombre por sus primeros ocupantes, que pertenecían a una familia de la sociedad de la época. En la planta baja, hay comercios; en el piso superior, la vivienda y desde la terraza se observaban los caminos y las llegadas de los barcos por el Río de la Plata…

La casa más estrecha

Esta sí que es una verdadera curiosidad arquitectónica y de lo más insólita: la casa más angosta de la ciudad. Para verla, acérquense hasta Independencia y Chile, a la altura de Defensa (San Telmo). Con sus 2,5 metros de ancho, la fachada sólo deja lugar a una puerta, una luminaria y un pequeño balcón. En segundo plano, se pueden ver inmuebles de varios pisos sobre la calle Independencia…

Mi corazón se fue sin duda hacia esta pequeña casita. Minúscula, atascada entre dos edificios de estilos diferentes, rodeada de construcciones de todos los tamaños, en ella se concentra todo lo disparatado que tanto nos seduce de la arquitectura porteña…

¿Ganas de explorar un poco más?

Los aficionados de arquitectura no dejarán de maravillarse en Buenos Aires: el cementerio de Recoleta, conocido en todo el mundo, la Casa Rosada, el Palacio de Aguas Corrientes son algunos de los formidables y sorprendentes lugares para visitar. Y para los que quieren ver algo realmente insólito, rumbeen hasta Campanopolis: ¡una ciudad medieval a 30 km de Buenos Aires!