Desde La Perla hasta el Instituto Di Tella, que marcó un momento crucial en la vanguardia artística, recorremos los lugares icónicos de la noche porteña de la década del 60, espacios que sentaron un precedente en la contracultura. Qué fue de ellos y cuáles se conservan.
“¡Existen los beatniks argentinos!” anunciaba la revista Eco Contemporáneo. El movimiento beatnik, tan asociado a la cultura norteamericana, a la road movie o al movimiento hipster, también tuvo su encarnación porteña.
La década del 60 significó la apertura a la innovación artística y un impacto en los hábitos nocturnos de Buenos Aires. La bohemia musical, la psicodelia, el debate de ideas y las utopías revolucionarias confluían en escenarios que hospedaron a artistas transgresores y resultaron claves para forjar una nueva mirada cultural.
Por eso, repasamos siete lugares míticos de la noche porteña en los años ’60, que cobijaron un potencial creativo disruptivo.
La Perla del Once, uno de los lugares más icónicos de los 60
La legendaria pizzería ubicada en el barrio de Balvanera albergó trabajadores, estudiantes universitarios, artistas y bohemios. En su puerta una placa de bronce anunciaba: “Lugar frecuentado por jóvenes músicos de la década del ‘60 que gestaron las primeras composiciones del rock nacional”. Allí, una noche como cualquier otra, Lito Nebbia y Tanguito compusieron “La balsa”, considerada por su trascendencia popular como la canción fundacional del estilo.
La Perla cerró sus puertas en el 2017 y actualmente funciona una pizzería de la cadena La Americana. Entre cuadros de empanadas, pizzas y chefs y televisores led, sólo sobrevive en sus baños una placa que conmemora el origen de la famosa canción.

El Café La Paz
El poeta y actor Fernando Noy definió a esa esquina de Avenida Corrientes y Montevideo como “el templo de la desmesura”. Si de lugares icónicos de la noche porteña en los 60 se trata, La Paz era por excelencia el refugio de las almas nocturnas intelectuales y eclécticas que merodeaban la ciudad: Enrique Fogwill, Alejandra Pizarnik, Arturo Jauretche, Rodolfo Walsh, entre otros, tenían un punto de encuentro, de intercambio, de formación y de crítica literaria.
El café cerró en 2020 a raíz de la pandemia y no volvió a abrir.

Instituto Di Tella
Inaugurado el 1963, el Centro de Artes Visuales del Instituto Di Tella se popularizó a partir de artistas conceptuales como Marta Minujín y Federico Manuel Peralta Ramos. La obra “La menesunda”, una de las primeras instalaciones a cargo de Minujín sentó un precedente al atraer a multitudes de distintos estratos sociales.
Pero fue su gran obra “Importación-exportación”, en 1968, la que afianzó las bases de una profunda relación entre las artes visuales y la música, a partir de una propuesta de Minujín de importar la cultura hippie. La experiencia consistía en una especie de túnel donde el público ingresaba para luego adentrarse en una sala de luces estroboscópica y, en el final, sonaba rock psicodélico estadounidense o la música en vivo de Manal o Almendra.
Instalado en el corazón cultural de la ciudad, el Instituto le cambió la cara a una de las calles más tradicionales de Buenos Aires, a escasos metros del Jockey Club –el centro aristocrático por excelencia– y rodeado de los bares más frecuentados por la intelectualidad porteña. En una misma zona se cruzaban dos miradas opuestas: la de la tecnocracia y la de la contracultura. Y claro, la curiosidad de los medios y la gente por ese fenómeno no tardó en hacerse sentir, aunque no necesariamente estuviesen preparados para tal fenómeno.
El Di Tella fue clausurado por el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía. Renació, años después, en formato universitario, en la universidad del mismo nombre, ubicada en el barrio de Núñez.
Bar Florida
Ubicado en un lugar estratégico en el cruce de la famosa peatonal Florida con la calle Paraguay, el bar supo condensar el auge de la década del 60 en lo que se llamó el happening porteño o el flower power criollo con manifestaciones artísticas controversiales, ya que era un punto de reunión para estudiantes y estrellas del Di Tella.
En la actualidad funciona el Florida Garden que conserva sus instalaciones originales, sus paredes vidriadas, sus columnas de bronce, su escalera caracol suspendida, su arquitectura de vanguardia hoy considerada kitsch.

La Cueva
Aquel sótano ubicado en Avenida Pueyrredón al 1700 fue el espacio fundacional del rock argentino, una cita obligada para músicos que aprovechaban el auge del jazz de posguerra y posteriormente, para el núcleo creativo inspirado en las ideas de los escritores de la Generación Beat.
Bajo la administración del cantante y productor Billy Bond, a mediados del 60, comenzó a ser frecuentado por músicos consagrados como Sandro y su popularidad acercó a inquietos artistas como Moris, Tanguito, Miguel Abuelo o Pipo Lernoud y sus incipientes tímidas zapadas. Fruto de esos encuentros fueron apareciendo grupos legendarios como Manal, Los Abuelos de la nada o Los Beatniks.
La dictadura de la llamada Revolución Argentina de 1966 causó estragos con sus habituales allanamientos y detenciones y el lugar cerró sus puertas en 1967. Más tarde, La Cueva fue convertida en una casa de reparación de artefactos eléctricos y demolida en el 80 para la construcción de departamentos, pero permanece vívida en el recuerdo colectivo como la “The Cavern” local.

La Biela
Su relevancia en la cultura popular fue tal que se emitía un programa de TV llamado “La Biela fundida” en la que pasaban todas las personalidades del mundo del automovilismo. El origen del nombre tuvo que ver con el hecho de que un grupo de amigos apasionados por los autos rompió la biela de su vehículo en la esquina en la que se encontraba el bar. Fue así como decidieron llamarlo La Biela Fundida, y con el tiempo se popularizó como La Biela.
Si bien este emblemático bar notable albergó a escritores de la talla de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, a diferencia de los otros espacios, es considerado uno de los lugares más icónicos de la noche porteña en la década del ’60 porque fue una confitería que se convirtió en un sitio de culto para los amantes de las carreras de autos. Al lugar concurrían el mismísimo Juan Manuel Fangio, José Froilán Gonzáles e incluso, al piloto británico de Fórmula 1, Jackie Stewart.
La Recoleta es testigo de la historia viva de este representativo sitio que hoy ocupa la esquina de Quintana y Junín y quienes lo visiten serán recibidos por las esculturas de Juan y Oscar Gálvez, leyendas del Turismo Carretera.

Cine Monumental
La peatonal Lavalle era sinónimo de la época dorada del cine en la década del 60: tomar una foto en ese momento significaba retratar múltiples y coloridas luces de neón, los anuncios de las películas más taquilleras que llegaban a durar hasta medio año en cartelera y una multitud que hacía imposible el tránsito. A las artes plásticas y la música se sumaba el consumo masivo del cine francés, italiano y estadounidense.
Las instalaciones del Monumental se transformaron en seis salas pertenecientes a la cadena Multiplex, siendo actualmente el único cine de la calle que sigue abierto y sobrevive estoico a los embates sociales y culturales.


