Ocho esquinas, aires de tango y sabores germánicos

bar 8 esquinas
Foto: sitio web 8 esquinas

El Bar Ocho Esquinas es mucho más que un bodegón, ¡es toda una institución! Abrir su puerta es como viajar en el tiempo, en sus mesas regresarán a la época en que las más renombradas figuras del tango eran habitués del lugar… y también comerán un riquísimo chucrut. Tango y chucrut, ¿Incompatibles? Aquí estamos, frente a la puerta, ansiosos y curiosos por descubrir qué nos espera ahí dentro…

Fundado en los años 1930, este bar notable conserva su fachada de madera, intacta y con las cortinas a media ventana. Desde que se inauguró, ha tenido sólo tres dueños. Su nombre viene del cruce poco común de calles que pasan por esa parte de la ciudad, como las avenidas Forest, Alvarez Thomas y Elcano, casi en el límite tripartito entre los barrios de Chacarita, Villa Ortúzar y Colegiales.

Sin embargo, durante mucho tiempo el restaurante era conocido como “bar alemán” o “La Múnich” por sus especialidades germánicas. La historia es conmovedora. Rafael Rojo, inmigrante español y fundador del establecimiento, se encontró durante su viaje en barco que lo traía hasta Buenos Aires con un ciudadano alemán, del que se hizo amigo. Una vez que abrió su restaurante, por supuesto que invitó a su amigo alemán a trabajar en su cocina. Y éste, agregó al menú las especialidades de su país. Desgraciadamente, el cocinero fallece prematuramente. Para rendirle homenaje, Rojo decidió mantener intacta la lista de platos alemanes y pidió a sus sucesores que continuaran haciendo lo mismo. La tradición, al día de hoy, sigue vigente.

“Mis 8 esquinas” también es el título de un conocido tango que hace referencia directa a este bar. De hecho, en sus comienzos, este restaurante recibía como clientes a varias celebridades del mundo tanguero: los hermanos Espósito, Aníbal Troilo, Homero Manzi y sobre todo a Osvaldo Pugliese, que vivía a pocas cuadras del lugar. Es más, su hija, Beba, compuso la música del tango epónimo como recuerdo de su infancia en el barrio. La partitura original con su dedicatoria se exhibe con orgullo, en una de las paredes del restaurante.

En cuanto al menú, encontrarán los grandes clásicos de los bodegones porteños: milanesa, pastas…Si van a ir en grupo, no dejen de pedir las picadas, con una amplia variedad de quesos y fiambres para compartir, desde las más tradicionales “ningún fiambre raro” hasta las más insólitas como “la tabla alemana” con fiambres de tradición germánica. Y, por supuesto que probamos el chucrut acompañado, como no podía ser de otra manera, de cerveza importada… de Alemania, obviamente. El plato “Rippen” trae pechito de cerdo ahumado con chucrut y papa natural. La comida es de lo más sabrosa y la mostaza casera se merece todos nuestros aplausos.

El mozo, personaje de lo más pintoresco, fue muy agradable con nosotros. No solamente nos orientó con los distintos platos, sino que también respondió a todas nuestras inquietudes muy gentilmente. Y fue así, y a modo de frutilla de la torta, como nos enteramos ¡que habíamos estado sentados justo en la mesa preferida de Osvaldo Pugliese! El único inconveniente que encontramos: los precios un poco altos. ¡Pero vayan con los ojos cerrados que vale la pena!

Si quieren seguir conociendo otra de las instituciones del barrio, no dejen de ir a la Mezzeta, una pizzería bien porteña y si quieren algo más rockero, tómense una cerveza en El Escandinavo.

Ocho Esquinas
Av. Forest 1186 – Colegiales
Tel: 011 4554-5129
De lunes a miércoles de 08h a 20h, jueves de 08h a medianoche
Viernes y sábados, de 08h a 02h
Precios: $ $

Traducción: Agustina Pasqualini