Polo, el deporte argentino por excelencia

Hace ya más de 2.500 años en Asia Central, los primeros pueblos de jinetes que cabalgaban los grandes espacios entre China y Mongolia, sintieron pasión por una actividad que mezclaba aptitud deportiva y guerrera a la vez. Con bochas y tacos de madera, formaron equipos de a caballo que se enfrentaban entre sí… si bien por entonces no se lo conocía con ese nombre, el polo ya se estaba gestando. Más hacia el oeste, los persas se adueñaron del juego al principio a modo de entrenamiento de las tropas de élite, luego como pasatiempo de los reyes y sultanes. El polo se extendió por Arabia, al Tíbet, luego a China y Japón. Tal es así que el japonés Han Yu describe deliciosamente un partido de polo en uno de sus poemas: “Los jinetes inclinan su cuerpo, arquean el brazo alrededor del pecho del caballo desde su montura. Un tronido responde al movimiento de la mano y la perla divina inicia su recorrido.”

Mientras que este deporte llega a la India en el siglo XIV, fueron los colonizadores británicos, dos siglos después los que lo llevan a Europa, seducidos por la intensidad del juego ecuestre. En Argentina, llega en el siglo XIX, y el país adopta el polo a nivel nacional cuando los inmigrantes ingleses deciden llevar este deporte al otro lado del Atlántico. El juego se desarrolla rápidamente a través de la inmensidad de los espacios naturales y las enormes cantidades de caballos robustos y enérgicos del país. Los argentinos se sienten seducidos frente a esta complicidad con el animal y las sensaciones emocionantes características del juego.

El polo se transforma en un deporte de élite, que cuesta caro ya que se necesitan caballos de pura raza, con material de calidad y un terreno extenso; 275 metros de largo por 180 metros de ancho. Hoy representa a la clase alta y distinguida de Buenos Aires, donde algunos apasionados y profesionales se encuentran durante las competiciones, con sus camisas de polo de grandes marcas, pantalones de lino y mocasines de cuero, ¡todo esto con alguna que otra copita de champagne en mano!

En un partido se juega 4 contra 4, el objetivo es simple; con su taco, el jugador debe hacer entrar en el arco del equipo contrario la bocha blanca de madera. Según sus aptitudes, los jugadores obtienen un hándicap que va del -4 al 10, siendo este último el mejor puntaje.

En Buenos Aires, todos los años se juega la Triple Corona entre noviembre y diciembre. Reagrupa los abiertos de Tortugas, Hurlingham y Palermo, donde se enfrentan los mejores equipos de Argentina.

El club La Dolfina es probablemente el equipo más conocido ya que su líder, Adolfo Cambiaso, jugador extraordinario e incansable, fue elegido el mejor jugador de polo del mundo con un hándicap de 10. El club Ellerstina fue el vencedor del Open de Palermo en 2012 y adquirió notoriedad gracias a su jugador Mariano Aguerre, ya con 10 de hándicap en ese entonces. El club Aguada, surge en 1963, y hoy es uno de los mejores equipos del país, a la cabeza de la tradicional familia Novillo Astrada, que transmite su profesionalismo de generación en generación. En 2003, el club gana la Triple Corona con un equipo conformado por cuatro hermanos Novillo Astrada. Por último, Hurlingham, con el mismo nombre del club de polo de Londres, fue fundado por el inglés John Ravenscroft, que lo transformó en uno de los clubes de deportes más prestigiosos de Argentina. Se puede practicar golf, fútbol, cricket, rugby, tennis y polo entre otros. Hoy en día, el club se considera un club amistoso en donde se privilegia la camaradería, la ética y el Fair Play.

Por todo esto: ¡no dejen de ver alguno de los torneos del verano donde se enfrentan los mejores nombres del polo mundial de este momento! Sin dejar el barrio, también pueden dar un paseo por el jardín botánico de Palermo, a pocas cuadras de las canchas de Polo de Palermo.

Foto: Mariano Mantel / Flickr

Traductora pública de francés, apasionada por el idioma y la comida de todo el mundo. En parte bretona y porteña a la hora de salir elijo descubrir los lugares con ese "no sé qué" indescriptible.