En Santa Catalina, almuerzo «divino» dentro de un convento

¿Qué dirían si les proponen almorzar en una casa de monjas? No pongan esa cara y vengan con nosotros a En Santa Catalina. El desafío de transformar uno de los más viejos conventos de la ciudad en un restaurante sin duda fue muy osado, pero el resultado fue excelente: no todos los días se puede disfrutar de una comida sabrosa en un lugar insólito. Protegidos del tumulto incesante de Microcentro, en el convento encontrarán tranquilidad, y quién sabe, ¡Quizás hasta tengan una revelación divina!

En Santa Catalina se encuentra en el convento de las Catalinas, justo al lado de la iglesia Santa Catalina de Siena. Las indicaciones para llegar al restaurante son casi inexistentes, sin embargo al mediodía se llena de habitués trajeados de oficina que aprovechan la hora de almuerzo para acercarse a comer algo.

Para entrar deberán pasar un portón que los llevará hasta un patio a la izquierda de la iglesia, por donde se accede al convento. Una vez adentro, cada uno se sirve en modo self-service y luego sólo les queda elegir dónde instalarse, adentro o en el magnífico patio al aire libre. Ojo, porque los días lindos todos eligen sentarse afuera, y resulta difícil encontrar lugar.

En Santa Catalina utiliza exclusivamente productos de calidad. Además del plato y postre del día, proponen una gran variedad de ensaladas, sándwiches y wraps. La ensalada de salmón, lechuga, tomates cherry confitados, palta, queso y ciboulette realmente vale la pena así como el Wrap Caesar con pollo, parmesano, lechuga y salsa Caesar. Los platos son sabrosos, y seguramente les dejarán un lugarcito para el postre: cheesecakes, chocotortas, ensaladas de frutas, crumbles, lemon pies… ¡Elijan el que más les guste! Para beber, les recomendamos los jugos naturales caseros cuyos ingredientes varían todos los días.

Nos gustó la simpleza del lugar, la calidad de la comida y los precios accesibles. Nos encantó el patio del convento, con algunos árboles que protegen del calor y entre ellos una palmera majestuosa.

Entre tanta comida sana y buena onda, casi nos olvidamos de la historia impresionante del convento. Data de 1745 y desde un principio fue habitado por religiosas: de hecho, fue el primer convento para mujeres en Buenos Aires, y uno de los más viejos y prestigiosos de la época colonial de la ciudad. Fue ocupado por los británicos en el siglo XIX y convertido en hospital para curar heridos. En 1975, el monasterio recibió la distinción de Monumento Histórico Nacional.

El restaurante está abierto únicamente los días de semana. Si van a almorzar, traten de evitar la hora pico entre las 13h y 13h30, así no tendrán que hacer fila para esperar. ¿Les tienta más un pancho? Dogg los espera muy cerca de allí. Y si ya están pensando en después del trabajo, para un after office o un encuentro con amigos, la Cigale está por la zona.

En Santa Catalina
San Martín 705 – Microcentro

[email protected]
De lunes a viernes de 8h30 a 18h
Precios: $

Traducción de Agustina Pasqualini

Pauline Escobarhttps://paulinescobar.wordpress.com/
Apprentie expat', voyageuse dans l’âme, écrivain en herbe et dessinatrice de cartes à mes heures perdues.
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