El 17 de abril, Argentina celebra el Día Mundial del Malbec. Una excusa perfecta para redescubrir este varietal emblemático del país a través de 10 anécdotas que revelan una historia épica, que solo los amantes más apasionados del vino argentino conocen.
1. El malbec es una uva francesa… casi olvidada en Francia
Nacido en Cahors, en el suroeste de Francia, el malbec —también llamado côt noir o auxerrois— fue durante mucho tiempo el vino preferido de los reyes. Pero la epidemia de filoxera, a partir de 1863, lo borró casi por completo del mapa vitivinícola francés. Por suerte, ya había cruzado el Atlántico y fue reintroducido con el tiempo en su país de origen.
2. Fue un agrónomo francés exiliado quien lo plantó en Mendoza
En 1853, un tal Michel Aimé Pouget —agrónomo francés contratado por el visionario Domingo Faustino Sarmiento, futuro presidente de la Argentina— introdujo el malbec al pie de los Andes. Sin ese exilio, el varietal podría haber desaparecido para siempre.

3. Argentina produce el 75% del malbec mundial
Este varietal originario del Viejo Continente es hoy casi completamente argentino. Mendoza concentra la gran mayoría de esa producción, con viñedos distribuidos entre 900 y 1.500 metros de altitud en el espectacular Valle de Uco.
4. Se usaba para hacer… espumante
En la década de 1980, el malbec no tenía nada de embajador. Se usaba principalmente como base para vinos espumosos, en una época en que los argentinos tomaban sobre todo vino blanco. Decenas de miles de hectáreas de viñas viejas llegaron incluso a arrancarse.
5. Consultores extranjeros salvaron el varietal in extremis
En los años 90, enólogos internacionales redescubrieron el extraordinario potencial de las viejas viñas argentinas. Su convicción: el malbec era la carta que Argentina debía jugar. No había que arrancarlo bajo ningún concepto. Entre ellos: Michel Rolland (fallecido en marzo de 2026) era una auténtica rock star en Buenos Aires y Mendoza.
6. Una crisis del merlot americano lo cambió todo
A principios de los años 2000, el merlot cayó en desgracia en Estados Unidos, popularizado en parte por la película «Sideways». El malbec argentino, generoso, suave y accesible, llegó en el momento justo para llenar ese vacío. El boom mundial estaba en marcha.
7. El primer gran malbec argentino data recién de 1995
Fue en 1995 cuando Nicolás Catena lanzó el Angélica Zapata, primer malbec de alta gama de Argentina. Antes de eso, ninguna botella pretendía verdaderamente al estatus de gran vino. Desde entonces, los reconocimientos internacionales se multiplicaron, con puntajes perfectos otorgados por los críticos más respetados.
8. Los viñedos de altura lo cambian todo en boca
Cuanto más alto crecen las viñas en la cordillera de los Andes, más frescura y complejidad gana el malbec. Los terroirs del Valle de Uco, plantados entre 900 y 1.500 metros, producen vinos con perfiles radicalmente distintos a los de los viñedos de llanura. La altitud se convirtió en el argumento número uno de los grandes vinos.
9. Los bordeleses invirtieron en Mendoza hace más de treinta años
Atraídas por suelos y condiciones climáticas excepcionales, varias familias de viticultores bordeleses se instalaron en Mendoza. Entre los más emblemáticos, el Clos de los 7 de Michel Rolland.
Pero también: el dominio Cheval des Andes —vinculado al Château Cheval Blanc— o los hermanos Lurton (Piedra Negra), seducidos por terroirs de gravas comparables a los de Pessac-Léognan. La conexión franco-argentina del malbec nunca se interrumpió del todo.

10. El malbec ya no resume el vino argentino
Firmemente arraigado en casi la mitad de los viñedos de uvas tintas del país, el malbec sigue siendo el símbolo del vino argentino. Pero los productores apuestan cada vez más también al torrontés, el cabernet franc o el pinot gris.
Para los curiosos instalados en Buenos Aires, los cursos de degustación son una excelente manera de mapear esta diversidad emergente.
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