¿Querés ser feliz o tener razón? El teatro inmersivo que reinventa a Shakespeare en Almagro

¿Querés ser feliz o tener razón? es una experiencia de teatro inmersivo en Almagro que reescribe a Shakespeare en veinte cubículos simultáneos, en el Complejo Ítaca.


Los domingos al mediodía, hasta octubre, el barrio de Almagro esconde una experiencia teatral poco convencional: veinte cubículos donde Hamlet, Ofelia, Yago, Lady Macbeth, Julieta y otros personajes de las tragedias de Shakespeare dicen cosas que nunca dijeron. Se llama ¿Querés ser feliz o tener razón? y transcurre en el Complejo Ítaca, un espacio teatral que se suma a la escena porteña de propuestas de teatro inmersivo, en la línea de referentes como Fuerza Bruta, aunque con una lógica dramatúrgica muy distinta.

Montesco o Capuleto: una entrada que decide el recorrido de esta obra de teatro inmersivo

La entrada que cada espectador recibe al llegar define de qué lado va a estar: Montesco o Capuleto. Esa elección arma el recorrido, decide qué tres micromonólogos se van a ver y deja afuera todo lo demás. Alrededor, en un espacio común, ambos bandos se cruzan a lo largo de la función. Ninguna función es igual a otra, y nadie ve la obra entera: siempre queda la sensación de estar perdiéndose algo en el cubículo de al lado.

Caminar entre los boxes tiene algo de mercado medieval: Hamlet le habla a Gertrudis a pocos metros de donde Romeo espera a Julieta, mientras Yago sostiene la mirada de quien se le acerca y desgrana su envidia casi en confidencia.

Un penique que activa la historia

¿Querés ser feliz o tener razón?, escrita y dirigida por Cecilia Propato, no adapta a Shakespeare: lo reescribe. Los monólogos son textos nuevos, pensados a partir de lo que esos personajes todavía tendrían para decir. Hay un detalle que sostiene toda la lógica del espectáculo: al entrar, cada espectador recibe unos peniques, y solo cuando se los entrega a un actor arranca el monólogo. Sin esa moneda, el cubículo queda mudo. El público deja de mirar desde afuera y pasa a decidir, con ese gesto mínimo, qué parte de la historia va a suceder.

Reescribir el pulso isabelino, no su solemnidad

Propato explica que buscó reconstruir el clima de las funciones isabelinas del mediodía, cuando el teatro se aprovechaba de la luz del día y no tenía nada de la solemnidad que después le fuimos poniendo. «Muchas veces la imagen de un Shakespeare solemne y almidonado proviene más de ciertos traductores y teóricos que del círculo de quienes leemos desde la dramaturgia y desde la teatralidad», dice la directora, y agrega que Shakespeare fue, durante su vida, un autor muy cuestionado: no había pasado por la universidad, a diferencia de contemporáneos como Christopher Marlowe o Ben Jonson.

Cecilia Propato, autrice et metteuse en scène de la pièce.
Cecilia Propato, autora y directora de la obra.

Los textos nuevos de la obra no imitan el estilo shakespeariano; toman su pulso. Propato lo compara con una partitura más que con una novela, y cuenta que su método de escritura es fragmentario: notas, imágenes, preguntas sueltas que van quedando guardadas hasta que encuentran forma. Esa idea de fragmento se conecta, según ella, con una hipótesis que le interesa especialmente: la posible participación de Emilia Bassano, escritora de la época a la que estudios recientes empezaron a reconsiderar, en un contexto donde a las mujeres se les prohibía publicar y firmar sus obras. «Shakespeare era actor, productor, viajaba constantemente entre Stratford y Londres y trabajaba con una dinámica muy distinta de la idea romántica del autor aislado», dice, y lo piensa como un antecedente de los actuales equipos de guionistas de cine y televisión.

Personajes en contradicción permanente

La elección de los personajes tampoco es azarosa. «Me interesan los personajes que viven en contradicción permanente, que nunca son una sola cosa, que están atravesados por fuerzas opuestas», explica Propato, y pone a Hamlet como ejemplo: un príncipe que no quiere ser rey, que tiene que vengar a su padre y posterga esa venganza una y otra vez. Por eso también eligió voces menos centrales, como la Nodriza de Romeo y Julieta o Laertes, personajes que la obra deja en un segundo plano pero que «cargan una potencia dramática que rara vez se explora».

Cuando lo inmersivo tiene una razón dramatúrgica

En tiempos donde la palabra «inmersivo» suele reducirse a una estrategia de marketing, esta propuesta encuentra una justificación dramatúrgica sólida. La interacción no aparece como un agregado tecnológico ni como una atracción, sino como una consecuencia lógica del propio universo shakespeariano. Quizá allí resida su mayor virtud: demostrar que, cuatro siglos después, Shakespeare todavía necesita espectadores dispuestos a decidir si quieren, o no, formar parte de la obra.

Almagro: dónde almorzar después de esta función de teatro inmersivo

Al terminar, Almagro ofrece varias opciones clásicas para seguir la tarde:

  • El Banderín: un café notable lleno de banderines y camisetas que parece detenido en el tiempo. La estrella de la casa es el matambre a la pizza, abundante y pensado para compartir.
  • Doña, cocina tipo casa: platos con la sensibilidad de lo casero. Sus pastas y su variedad de salsas lo hacen una parada obligada del barrio. Siempre lleno, y con espera, pero vale la pena.
  • Las Violetas: buena opción para cerrar la tarde hablando de Shakespeare bajo vitrales centenarios.

Todo sobre la obra (preguntas frecuentes)

¿Dónde se hace la función? En el Complejo Ítaca, en el barrio de Almagro, Buenos Aires.

¿Cuándo son las funciones? Todos los domingos al mediodía, al menos hasta octubre.

¿Hay que elegir un bando al entrar? Sí: cada espectador recibe una entrada Montesco o Capuleto, que define el recorrido y los monólogos que va a ver.

Valerico Morisi
Guionista, crítico de cine y profesional de la comunicación, le gusta la historia y poder encontrar los dobleces que aún no se cuentan de la cultura de la ciudad de Buenos Aires
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