Gardel: ¿francés o argentino? de Toulouse a Buenos Aires: la gran travesía de Carlos Gardel

Gardel lo tenía todo para ser el hombre más feliz del mundo. El dinero, las mujeres, la fama e incluso el amor de su madre, el único verdadero, que contaba más que cualquier otro. Pero también llevaba en él una profunda tristeza. Una tristeza infinita e inexplicable. A pesar de esa sonrisa inclinada, cuyo ángulo trazaba una línea paralela con el borde de su sombrero. A pesar de la gomina y de los trajes ajustados. A pesar del cigarrillo en el pico, Gardel parecía ser un fracasado, incapaz de convertirse en lo que debería haber sido. ¿Quién? Nadie ha logrado nunca desentrañar el misterio. Lo cual no frenó a su servidor, que llevó a cabo la investigación, entre Toulouse y Buenos Aires.


En el cementerio de la Chacarita, en Buenos Aires, uno se topa con frecuencia con hombres solos, inmóviles frente a la estatua de Carlos Gardel, en la intersección de los pasillos 6 y 33. Hace mucho tiempo, se entregaron al rey del tango. Un deseo. Un sueño. Varios, incluso. Les llevó tiempo conseguir todas esas cosas que querían tanto. Estaban listos para esperar. Y luego, un buen día, esas cosas llegaron. Entonces están ahí. Pasan uno a uno, agradecidos, porque Gardel les permitió convertirse en alguien. La estatua los envuelve con su hermosa mirada melancólica. Durante largos minutos, miran fijamente a Gardel a los ojos. Una tormenta de tangos resuena en sus cabezas. Le hablan sin esperar respuesta. Algunos se quedan en silencio. Luego de un salto suben al pedestal para encender un puchito entre sus dedos inmóviles.

El mausoleo de Gardel en la Chacarita. Foto: Gary Collins.
El mausoleo de Gardel en la Chacarita. Foto: Gary Collins.

En los pasos de Carlos Gardel en la «ville rose»

A más de 10 000 kilómetros de la capital argentina, el mismo ceremonial podría repetirse en el Boulevard Lacrosse, en el barrio Compans-Caffarelli, Toulouse. Una estatua de bronce parece invitar a los transeúntes a bailar con ella. En su mano extendida, un espacio entre los dedos para deslizar un último cigarrillo. La estatua fue inaugurada el 30 de junio de 2018 mientras Kylian Mbappé ponía a prueba la dignidad de Nicolás Otamendi y la amistad franco-argentina, en los octavos de final de la Copa Mundial de Rusia. Obra del escultor Sébastien Langloÿs, la estatua fue inaugurada con gran pompa por el alcalde de Toulouse antes de dar paso a un mini concierto. De tango, por supuesto. Solange Bazely, creadora de un recorrido guiado Carlos Gardel por las calles de Toulouse, estuvo presente e incluso entonó algunas canciones: «La estatua vive. Gardel está integrado en todo lo que sucede en la ciudad. Tenía la nariz roja, le pusieron un tapabocas durante el Covid, los niños preguntan si el señor está vivo, está presente en las filas de los manifestantes…»

La casa natal de un tal Charles Romuald Gardes está a pocos pasos de allí, en la calle du Canon d’Arcole 4. Un mural de Gardel preside el patio. Por el momento, ya no se puede visitar su primera morada, pero el artista dejó otras huellas en la Ciudad Rosa: «Un medallón en el Jardín Japonés, una placa en el hospital de La Grave, una pintura de Raymond Moretti bajo los arcos de la Place du Capitole», enumera Solange Bazely. En veintinueve cuadros, Moretti retrata los grandes momentos de la historia de Toulouse y de los Toulousains. Gardel ocupa un lugar destacado. «Sobre la joyería, entre Jean Jaurès y la aviación», precisa Solange Bazely. Cósmico, cuando se sabe que el hombre murió en un accidente de avión, que nació cuando Jaurès pertenecía al consejo municipal de Toulouse y que se compró su casa en la actual calle Jean-Jaurès, en Buenos Aires.

El futuro Carlos Gardel habría nacido en Toulouse, en 1890, de una madre soltera, la joven planchadora Berthe Gardes. «Nació en el hospital de La Grave. Era una mujer muy valiente. El padre había desaparecido. Se fue con el bebé cuando en aquella época muchas mujeres solteras abandonaban a sus hijos», dice el historiador Georges Galopa, que dedicó tiempo a investigar en los archivos del hospital. Luego habría cruzado el Atlántico para escapar de la vergüenza de ese nacimiento fuera del matrimonio. En Buenos Aires, la madre valiente, doña Berta, se habría esforzado por ofrecer una educación digna al pequeño Carlos, quien le estaría eternamente agradecido. Más argentino que esta historia, ¡imposible!

¿Y qué pasó con Uruguay? Si Gardel no fuera ni francés ni argentino, ¿qué sería?

Del otro lado del estuario del Río de la Plata, unos investigadores uruguayos proponen una tesis más escabrosa. Sería el hijo natural del sanguinario coronel Carlos Escayola. ¿La madre? ¡La hermana menor -¡quince años!- de las dos primeras mujeres, la mayor fallecida habiendo sido reemplazada por la hermana menor de este militar de virtud más que dudosa! A la hora del nacimiento del niño, en 1885, Escayola lo habría confiado a una prostituta francesa, la famosa Berthe, con la orden de desaparecer en Buenos Aires. Durante toda su vida, Gardel se habría esforzado por confundir las pistas. ¡Hijo de puta, qué tarjeta de presentación!

Georges Galopa y algunos colegas de ambos lados del Atlántico se sumergieron durante años en los archivos franceses y argentinos para aclarar esta historia. Y responder a la siguiente pregunta: ¿por qué diablos Carlos Gardel se presentó en el consulado uruguayo de Buenos Aires, en 1924, para afirmar ante testigos que había nacido en Uruguay? «Esta gestión le permitió obtener un certificado de nacionalidad válido por un año. Lo utilizó para naturalizarse argentino», aclara Galopa. ¿Y por qué usó su nombre artístico, Carlos Gardel, en lugar de su nombre de nacimiento? Respuesta: por causa de la Primera Guerra Mundial. «Cuando estalla la guerra, se envían telegramas al consulado de Buenos Aires para reclutar soldados: Francia obliga a los franceses que viven en el extranjero y a sus hijos a venir a pelear», recuerda nuestro especialista. Al igual que muchos compatriotas, Gardel no respondió a la orden de movilización general. Estos «insubordinados» corrían un gran riesgo. En Francia, la opinión pública los acusa de ser traidores. Aquellos que tienen la desgracia de ser atrapados por la patrulla son enviados directamente a la cárcel por los tribunales militares. «Mientras permaneciera en territorio argentino, todo saldría bien, pero si ponía un pie en Francia, corría el riesgo de ser perseguido. Se entiende que haya tomado la nacionalidad argentina y adoptado un nombre artístico: Carlos Gardel», resume Georges Galopa.

Gardel obtiene la nacionalidad argentina en 1923. Al año siguiente, realiza su primer viaje a Francia. Después de actuar en Barcelona, se dirige a Toulouse en tren para visitar a su familia y ver su casa natal. Regresará en varias ocasiones, según se lo permitían sus exitosas giras entre París y la Costa Azul o sus actividades cinematográficas. Gardel hablaba francés. En 1931, responde a una entrevista en la lengua de Molière, suscitando la admiración del periodista que destaca su bello acento argentino. Ese mismo año, interpreta dos tangos en francés en el escenario del Palace: Bijou y Déjà. «Tal vez su mamá le hablaba francés. En cualquier caso, vivía con familias francesas en el primer conventillo donde estuvieron. En aquel entonces, era posible hablar francés en Buenos Aires», señala nuestro historiador.

En 1934, Carlos Gardel vuelve a Toulouse. Conoce a una prima de su madre, Marissou, a la que apoda La formidable, una tía, gerente de una tienda de paraguas, y a su hijo, al que se le llama Rey de la pesca por el del tango, quien a su vez frecuenta el club de pescadores de Buenos Aires. «Gardel nunca renegó de su familia francesa. Cuando les escribe, es muy cariñoso», añade Georges Galopa. ¿Hasta considerar volver al hogar? «Quería comprar una casa en Niza para instalarse con su madre. Le había escrito que, a partir de entonces, no la abandonaría más y que estaría cerca de ella.» Dicen que siempre se vuelve al primer amor pero Carlos Gardel no pudo. Su avión se estrelló el 24 de junio de 1935 en la región de Medellín, Colombia. La víspera de su desaparición, había cantado su último tango, Adiós Muchachos. Eso se llamar cuidar su despedida. Desde entonces, ningún cantante acepta interpretar este tango maldito, en señal de duelo o por temor a atraer la desgracia.

Otra hipótesis: Gardel habría querido confundir las pistas, debido a un pasado poco brillante. El hombre no era un santo. Su historial delictivo indica que a los 25 años fue condenado por una estafa llamada El cuento del tío. Hacía creer a sus víctimas que iba a heredar de un tío adinerado que vivía lejos de Buenos Aires. Les sacaba dinero para pagar el viaje o honorarios de abogados. Los estafados nunca volvían a ver su dinero ni a Gardel.

¿De tal palo tal astilla? «Tenemos todas las razones para pensar que su padre era un tal Paul Lasserre. Después de hacer el servicio militar en Toulouse, regresó a París. Formaba parte de un grupo de delincuentes, la banda de Ternes, y fue condenado a cuatro años de prisión por robo», explica Georges Galopa. Cuando Berthe se fue a Buenos Aires, él estaba tras las rejas. Después de cumplir su condena, el hombre se dedicó a los negocios. No cualquier negocio. «Hizo fortuna en Libourne y luego en Toulouse abriendo y gestionando casas de prostitución.» ¡Un padre proxeneta para aquel que cantó los bajos fondos de Buenos Aires, sus putas y sus maleantes! La sangre no miente.

La gran travesía de Carlos Gardel está llegando a su fin y recuerdo a Jorge Luis Borges, quien no tenía en alta estima al cantante. El gran escritor nacional consideraba, sin embargo, que el tango permitía a cada uno recrearse un pasado heroico. Una especie de truco que permite hacerte morir en un duelo a cuchillo, en un callejón oscuro del barrio de Palermo. Esta suerte casi le tocó al joven Gardel, que vio perforado su pulmón izquierdo por una bala de pistola durante una pelea entre gamberros y niños bien. Conservó una cicatriz y unos gramos de plomo bajo la piel. Volvió a la canción con más ardor. No hay que perder el tiempo cuando la Parca está tras de vos.

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