Le Caravelle, y la leyenda del cappuccino mágico

le caravelle buenos aires
Foto: @evil.eats

La polémica por los carteles “se alquila” en el Café Le Caravelle, en el centro, me llamó mucho la atención por los comentarios de la gente: “Mi papá me llevaba allí cuando era pequeño”, “el mejor ristretto de Buenos Aires”, “un café que las ha visto todas”. La reacción fue muy sentimental. Así que cuando me topé con la noticia de que había reabierto sus puertas, lo anoté en mi lista y eventualmente, acudí a la cita con la historia.

Lo primero que noté de Le Caravelle es la dinámica. No hay mesas ni camareros. Es un café más al estilo francés o italiano: para pedir un espresso o ristretto, tomarlo en la barra mientras se intercambian algunas impresiones de fútbol o de política con el cantinero; y seguir su camino sin quedarse demasiado. Muy lejos de los cafés de moda donde se hace brunch por 3 horas o se trabaja con la compu toda la mañana.

Después de haber hecho mi investigación, decidí pedir un cappuccino. El señor de la barra (un capo total) se tomó su tiempo en la máquina y después trajo todas sus herramientas y las posó ante mí para la ceremonia: la última medida de leche hará subir la cremosísima espuma muy por encima del borde de la taza, con una corona de canela y cacao, suspendida mágicamente en el aire, como verán en este video.

Un mini-espectáculo que no se ha visto en ningún café de especialidad de la ciudad.

Le Caravelle abrió en 1962 en la primera calle peatonal de Buenos Aires: la calle Lavalle. En ese tiempo era la calle de los cines. Era frecuentado por la comunidad italiana y en la pared lleva cuatro relojes que marcan la hora de Buenos Aires, Roma, Madrid y Atenas. Más de 50 años han pasado y después de sobrevivir gobiernos, modas, crisis y muchos Mundiales de fútbol; hoy forma parte de la lista de cafés históricos de la ciudad.

El salón es pequeño. Hay dos barras largas a la izquierda y a la derecha: una más para tomar café, la otra más para tomar un fernet o algún otro trago. Hay medialunas y tostados, pero la carta no es variada, pues no es un destino gastronómico en sí. Casi siempre vacío y tranquilo, se mantiene gracias a la nostalgia y la lealtad de sus habitués.

Yo, como expatriada, valoro mucho los pocos lugares que me dejan ver un poco de la Buenos Aires que me precede, la que no puedo “recordar de la infancia” como los porteños, la Buenos Aires que mi abuela no me puede contar. Un vistazo a la Buenos Aires de Antaño.

Le Caravelle
Lavalle 726 – Centro
Tel: 4322-1673
Todos los días de 9h a 19h
Precios: $ $