Con motivo de cumplirse 100 años del nacimiento del genial historietista francés con el que nos divertíamos mientras aprendíamos historia europea, sus editores argentinos organizaron una muy nutrida muestra, visita imperdible para fanáticos de su obra de todas las edades.
La exposición «René Goscinny en Buenos Aires» puede visitarse en el Museo Judío de Buenos Aires (Libertad 769) desde el 22 de octubre de 2026 y hasta el 30 de abril de 2027, de lunes a viernes, de 10 a 18 hs.
¿Quién es René Goscinny y qué relación tiene con Argentina? Guionista de Asterix, Lucky Luke, El pequeño Nicolás e Iznogud, René Goscinny (París, 1926-1977) vivió en Buenos Aires desde los dos años hasta 1945.
La muestra del Museo Judío reconstruye esos años porteños con dibujos de infancia, caricaturas, fotos y documentos de época. Con entrada gratuita, es una excelente excusa para recorrer uno de los museos de Buenos Aires menos conocidos.
René Goscinny y Buenos Aires, una historia de infancia

En 1926 nacía en Francia René Goscinny, el país donde poco tiempo antes, sus padres, judíos llegados de Polonia y Ucrania, se habían naturalizado ciudadanos. Europa vivía el período de entreguerras y el clima político enrarecido empujó a la familia a migrar, una vez más. Y fue la Argentina, donde estaban instaladas las colonias agrícolas financiadas por el barón Hirsch, el lugar elegido por la familia, más precisamente, Buenos Aires, en el apacible barrio de Retiro, como lo indica la placa en el edificio de la calle Sargento Cabral 875.

Y la ciudad donde pasó su infancia y su juventud, donde se nutrió del tango y la comida criolla, decidió homenajearlo con una noche de festejos en la avenida Corrientes y un mapping sobre el Obelisco, el 15 de agosto pasado, un proyecto avanzado de plaza con su nombre y una muestra en el Museo Judío organizada por la editorial que publica aquí su obra, Libros del Zorzal, con increíbles materiales de archivo traídos del Institut Goscinny de París, que se puede visitar hasta fines de abril del año próximo.
Los primeros pasos porteños de Goscinny
Llegó al país con apenas dos años y lo dejó cumplidos los 19. Lo recibió una ciudad de migrantes, multilingüe y tanguera, gran receptora de la cultura de masas norteamericana: los cómics o historietas, que leyó con entusiasmo, como se puede ver en los bocetos, dibujos y manuscritos que se exhiben en la muestra.
Disfrutó de una educación bilingüe en el Colegio Francés (hoy, el Liceo franco-argentino Jean Mermoz), donde aprendió que «dos más dos son quatre», como le gustaba decir, desplegó su afición por el dibujo caricaturizando a todos sus profesores y acumuló una gran cantidad de anécdotas que más tarde reflejó en las historias de El pequeño Nicolás, ese personaje hiperkinético e irreverente que, junto a sus traviesos amigos y a su infantilizado padre, demostraba su capacidad para meterse (y generar) todo tipo de problemas.

Con una vocación definida por el humor gráfico, empieza a trabajar en publicidad y colabora en las revistas de los exalumnos del Colegio Francés, Quartier Latin y Notre voix, mientras compone caricaturas de los principales personajes de la Segunda Guerra, cada vez más sofisticadas. Eran los años del boom de la historieta argentina, y revistas como Patoruzú, Rico Tipo, Billiken, Tit-Bits, de las que Goscinny era un lector voraz, se vendían de a millones.



La corta experiencia norteamericana y su regreso a Europa
En 1945, dos años después de la muerte de su padre, a instancias de un tío que vivía en EE.UU., emprende un viaje hacia aquel país en busca de trabajo. Allí conoce a Morris, el ilustrador belga autor de Lucky Luke quien, unos años más tarde, lo dejaría a cargo de los guiones del cowboy más veloz que su sombra y a los principales historietistas norteamericanos como Harvey Kurtzman, el fundador de la mítica Mad, en la que trabajó sin mucho éxito.
Para comienzos de la década del 50 ya está de vuelta en Europa y es en las principales revistas de historietas belgas, Spirou, Tintin y Le Moustique, donde publica sus trabajos. Junto a Jean-Jacques Sempé da vida a El pequeño Nicolás, primero, como historieta, luego, como relatos ilustrados; con Albert Uderzo, al piel roja Umpah-Pah; con Jean Tabary, al gran visir Iznogud y en el final de la década, ya como director de la revista Pilote y junto a Uderzo, al personaje que lo convirtió en una celebridad mundial, Asterix, que llegó a vender unos 400 millones de ejemplares y ser traducido a más de 110 idiomas, entre ellos, el guaraní, publicado en julio de este año.




Eran los tiempos de la posguerra y del existencialismo, en los que Francia, el país de la «resistencia», quizás en un intento por sublimar la derrota sufrida en manos de los nazis cuando fue ocupada, produjo aquellos personajes «que resisten una y otra vez al invasor» y que, como Nicolás o los galos más famosos, son refractarios a cualquier autoridad (y a cualquier esfuerzo por civilizarlos) y, con la mayor de las ternuras, dejan en ridículo a todas las figuras del poder.
Goscinny en la prensa argentina
Casi simultáneamente con su aparición en el mundo francoparlante, en 1957, la revista Frontera que dirigía Héctor Oesterheld publicaba Lucky Luke, que unos años más tarde comenzaría a salir en Billiken y Anteojito, las dos revistas infantiles más importantes del país. Los 70 vieron aparecer a Asterix en los semanarios Siete Días Ilustrado, Billiken y AZ Diez, y pasar a integrar la colección Nueva Historieta de la editorial Abril donde se publicaron los álbumes que hicieron las delicias de varias generaciones y que, a partir del año 2015, pasaron a integrar el fondo editorial de Libros del Zorzal.
Tras las huellas de Goscinny en Buenos Aires
Más allá de la muestra, la ciudad conserva varios rastros del creador de Asterix. Un recorrido posible para seguirle los pasos:
Museo Judío y Templo Libertad
Primer museo judío de América Latina, funciona junto al Templo Libertad, la primera sinagoga del país. Allí se vende el catálogo de la exposición, editado por Libros del Zorzal. A pocos metros, sobre la Plaza Lavalle, se levanta el Teatro Colón.
Sargento Cabral 875 y Plaza San Martín (Retiro)

En la fachada del edificio donde vivió la familia, una placa de la Legislatura porteña recuerda su paso. A pocas cuadras, en la Plaza San Martín, Goscinny llevaba a jugar a su hija Anne durante los viajes casi anuales que hacían a Buenos Aires. Es justamente un sector de esa plaza el que podría llevar su nombre: el proyecto, impulsado por vecinos, ya está en manos de la Legislatura porteña.
Belgrano, tras la pista del Colegio Francés
En 1937, el Colegio Francés funcionaba en la calle Pampa 1900, en Belgrano: de esa época data uno de sus boletines de calificaciones, con la mención «Excellence», que se exhibe en la muestra. Su heredero, el Liceo franco-argentino Jean Mermoz, sigue funcionando en el mismo barrio, sobre la calle Ramsay.
El Obelisco y la calle Corrientes
Inaugurado en 1936, cuando Goscinny era un chico porteño, el Obelisco alimenta una leyenda tenaz: ¿se habrá inspirado en él para bautizar a Obélix? Otra versión atribuye los pantalones celestes y blancos del galo a su simpatía infantil por Racing Club. Nada lo confirma, pero durante los festejos del centenario la Ciudad proyectó sobre el monumento un mapping dedicado a su universo. Para seguir el paseo, pueden consultar nuestra guía del Microcentro porteño.

Goscinny en las librerías
Libros del Zorzal publica en la Argentina los álbumes de Asterix, Lucky Luke, Iznogud y El pequeño Nicolás, además de Del panteón a Buenos Aires, que reúne textos autobiográficos del autor. La muestra abre solo de lunes a viernes: ideal para una escapada al mediodía. Para sumar otros planes, consulten nuestra agenda de la semana en Buenos Aires.


