Seguí, Le Parc, Arjona, Sabina y miles de bibliófilos en búsqueda del tesoro, en los subsuelos de la calle Florida

La peatonal más antigua y concurrida de la ciudad es un paseo turístico y comercial a cielo abierto, que incluye una librería distinta a todas, ubicada bajo tierra, en la histórica Galería Buenos Aires. Memorias del subsuelo porteño.


A lo largo de la calle Florida (un kilómetro desde Plaza San Martín hasta la avenida Rivadavia, a una cuadra de Plaza de Mayo), abundan locales de cuero, moda, tecnología, librerías, cafés, restaurantes y un sinfín de propuestas diversas.

Esta postal porteña también incluye artistas callejeros, bailarines de tango, puestos de revista que venden souvenirs con imágenes de ídolos populares, opciones de tours para conocer la ciudad, casas de cambio y construcciones históricas. Entre éstas puede mencionarse la Casa Central del Banco de la Nación Argentina, el edificio Kavanagh, el Centro Naval y las Galerías Pacífico.

Las galerías, una marca registrada de la calle Florida

Las galerías son una marca registrada de la calle Florida. Algunas se construyeron entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX; otras, a partir de la década del 1940. Una de ellas, la Galería Buenos Aires, fue construida en 1964 debajo del edificio Thompson, una torre de vanguardia de 1915, con fachada de vidrio, 30 pisos de oficinas, dos subsuelos y una planta baja.

Desde los años 1970 en adelante, en el subsuelo empezaron a instalarse librerías especializadas en libros usados, antiguos, agotados, descatalogados, en documentos históricos, en ediciones de colección, primeras ediciones y demás rarezas editoriales. Este reducto para bibliófilos se hizo conocido como El Sótano, y llegó a reunir más de 10 librerías, de las cuales sólo quedan dos en la actualidad.

Entrar a las galerias en el centro. Un viaje en el tiempo.
Entrar a las galerias en el centro. Un viaje en el tiempo. Foto: Diego Ayuste.

Memorias del Subsuelo, una librería distinta a todas

Frente a las Galerías Pacífico, el edificio Thompson hacia arriba y la galería Buenos Aires hacia abajo, parecen de otra época. Y lo son, como los libros que se venden en las librerías Mireya y Memorias del Subsuelo.

Ésta es atendida desde hace 23 años por su dueño, Hernán Silva, quien se inició como librero en 1980, en Mar del Plata, donde abrió una librería llamada «La muy Galana Costa». «A mí me gusta ponerle el nombre del sitio en el que estoy, como estoy en el subsuelo, aparte de Dostoievsky, que soy fanático, combino las dos cosas. Además porque trabajo muchos libros de historia, la memoria, ¿viste?», cuenta Hernán, rodeado de libros y pilas de libros que exceden los estantes y obligan a caminar lentamente por la librería.

Memorias del Subsuelo incluye dos locales dentro de la galería, uno más grande que utiliza como depósito. La cantidad de libros que contienen es incalculable. La calidad, también.

Y no por casualidad: Hernán tiene mucha experiencia en el oficio y conoce mucha gente relacionada de todas las maneras posibles con los libros nuevos y usados. De hecho, solía viajar a Buenos Aires en busca de libros y lo dejaban hurgar en los depósitos de las librerías de la avenida Corrientes. «Hablaba con el gerente de ventas y me metía en el depósito, donde encontraba libros que ellos no catalogaban y me permitían venderlos por mi cuenta. Así fue que me hice fuerte en Historia, Letras, Arte, también en Filosofía y algo de Psicología», recuerda Hernán.

Libreria Memorias de un subsuelo. Galerias de calle Florida. Foto: Diego Ayuste.
Libreria Memorias de un subsuelo. Galerias de calle Florida. Foto: Diego Ayuste.

Memorias del Subsuelo en Galería Buenos Aires

Es cierto que para los paseantes de la calle Florida, la entrada del edificio Thompson y las escaleras que llevan a Galería Buenos Aires, no resultan igual de atractivas que la entrada de Galerías Pacífico. Pero las apariencias engañan. Bajar a este subsuelo es aventurarse en un mundo distinto, como sumergirse en otro tiempo y otro espacio, que no dejan de ser interesantes para quienes no son bibliófilos.

De hecho, sólo escucharlo a Hernán se vuelve una experiencia enriquecedora: «Esta galería fue muy importante, una de las más importantes de Florida, la primera en tener escalera mecánica. Acá también había un restaurante de unas alemanas que trabajaban muy bien, donde nos reuníamos con Fabián Casas y los hermanos Lamborghini, todos amigos».

La librería de Hernán Silva es excepcional, tiene ejemplares únicos y ediciones que no se consiguen en ninguna otra. Por ejemplo, una tirada especial de un libro desplegable pintado a mano por «Yuyo» Noé, su amigo. Y así tantos más.

Casi tantos como sus clientes, tan diversos, desde escritores, artistas e intelectuales hasta oficinistas, ingenieros y banqueros, además de turistas y gente de renombre.

«En el auge de la galería venían Pérez Célis, Seguí, Le Parc, me visitaba Arjona, Sabina, Antonio Carrizo hizo dos programas acá en el local», cuenta Hernán, que además aclara que las fotos de Passolini y Leonardo Favio colgadas en la puerta, son originales.

«En el auge de la galería venían Pérez Célis, Seguí, Le Parc, me visitaba Arjona, Sabina, Antonio Carrizo hizo dos programas acá en el local», cuenta Hernán, que además aclara que las fotos de Passolini y Leonardo Favio colgadas en la puerta, son originales.

Memorias del Subsuelo está ubicada en el barrio de Retiro, dentro de Galería Buenos Aires, debajo del edificio Thompson, en la calle Florida 835 (cuenta con una entrada alternativa por la calle San Martín 836). La librería tiene dos locales, el 21 y el 22, que abren los martes, miércoles, jueves y viernes de 14 hs a 19 hs.

🔍Curiosidades cercanas a Memorias del subsuelo

Galería Buenos Aires tiene dos entradas, una por la calle San Martín, y otra por la calle Florida, frente a Galerías Pacífico. En el espacio que ocupa hoy el subsuelo de la galería funcionaron hasta 1964 los talleres de la mueblería Thompson, famosa por la calidad de sus bibliotecas, lo que de alguna manera anticipaba el destino literario del lugar.

El cuarto piso del edificio Thompson, donde antiguamente funcionaba un call center, fue restaurado y convertido en Azotea, una residencia para creadores que retoma la herencia artística del centro porteño.

Sin internet, redes sociales, aplicaciones, ni plataformas digitales para vender sus libros

Se trata de un espacio sin fines de lucro y autogestionado, donde conviven prácticas individuales y colectivas, que incluye exposiciones, talleres, performances, conferencias y experiencias culinarias, y propone una dinámica de trabajo colaborativo y de vida compartida.

Hernán Silva dice que llegó a tener cinco locales durante el esplendor de la galería, y que si bien los tiempos cambiaron, no necesita internet, redes sociales, aplicaciones, ni plataformas digitales para vender sus libros, porque después de tantos años, mantiene un público fiel, que sabe que en Memorias del Subsuelo va a encontrar lo que busca y mucho más. Para quienes disfrutan seguir el rastro de la literatura porteña, este subsuelo de la calle Florida es una parada obligada.

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