¿Quién fue Santiago de Liniers? Sabelo todo sobre este francés que marcó la historia de Buenos Aires, al punto de dejar una huella indeleble en la capital argentina.
Un paseo por el corazón de Buenos Aires suele revelar historias inesperadas: entre los grandes nombres que forjaron la ciudad, uno de ellos es de origen francés. Se trata de Santiago de Liniers, figura central del Buenos Aires de fines de la época colonial.
Este personaje atravesó las épocas dejando tras él rastros concretos: una casa, una estatua, un barrio. Pero, ¿qué dice de la historia de Buenos Aires el destino romántico de este personaje? Entre relato histórico y capital en movimiento, sigamos sus huellas.
Santiago de Liniers, ¿el «francés» de destino porteño?
Santiago de Liniers nace Jacques de Liniers, en Francia, en 1753. Militar de formación, sirve primero en la caballería francesa, luego continúa su carrera como oficial en la marina española, a fines del siglo XVIII y principios del XIX.

Proveniente de una familia noble de la región del Poitou, el joven Jacques de Liniers se destina muy temprano a la carrera militar, siguiendo los pasos de su padre oficial de marina y de numerosos miembros de su familia.
Santiago de Liniers desembarca por primera vez en las orillas del Río de la Plata en 1776. Interviene, bajo las órdenes del español Pedro de Ceballos, en la toma de Santa Catalina y de Colonia del Sacramento. En 1807, es nombrado conde de Buenos Aires y virrey del Río de la Plata, en recompensa por sus victorias durante las invasiones británicas.
Es durante estas invasiones que Liniers se convierte verdaderamente en héroe: en 1806, retoma Buenos Aires de las manos de los británicos, al mando de un ejército de voluntarios levantado desde Montevideo, luego repele una segunda invasión inglesa en 1807 con la ayuda de la población porteña que arroja todo tipo de objetos sobre los invasores desde los techos y campanarios.
Pero estos son años de lealtades imposibles. La Francia napoleónica lo convoca; Liniers se niega, y elige permanecer fiel a su juramento hacia la Corona de España.
En Buenos Aires, esta elección no lo protege: su origen francés se convierte en una sospecha. Entre juntas rivales, separatistas y legitimistas, se lo acusa de querer entregar el virreinato a los franceses. Aislado, termina por renunciar y se repliega en Córdoba. Allí también, la historia lo alcanza: algunos buscan hacer de él un «Libertador», después de haberlo tildado de «Reconquistador». Se niega una vez más — y, hasta el final, reafirma su lealtad a España.
Mientras intenta llegar a Mendoza con los hombres que le quedaron fieles, es alcanzado, arrestado y brutalizado antes de ser finalmente ejecutado con sus compañeros en Cabeza de Tigre, en la provincia de Córdoba, en plena crisis revolucionaria.
Para partir en busca de Santiago de Liniers hoy, basta con caminar desde el Microcentro hacia San Telmo. En menos de 90 minutos, la ciudad propone dos visiones muy diferentes de su memoria.
El paseo es muy corto y accesible, el recorrido nos permite descubrir o redescubrir lugares imperdibles como la Plaza de Mayo o el célebre barrio bohemio de San Telmo, y ofrece un Buenos Aires muy fotogénico (fachadas, placas, iglesias) y cálido (bares, restaurantes, etc.).
La estatua de Santiago de Liniers
Primera etapa: la plazoleta San Nicolás (del barrio homónimo) donde se encuentra una estatua de Liniers, muy cerca de la esquina entre la peatonal Florida y la avenida Corrientes. Una parada que revela hasta qué punto los monumentos históricos se imbrican en un urbanismo moderno descontrolado.

Es en el borde de la avenida Corrientes y del bullicio de los autos que se encuentra la plazoleta San Nicolás, como una pequeña pausa en medio de la velocidad. En el centro, encontramos una estatua de Santiago de Liniers que se yergue en una postura heroica: representado en bronce en una puesta en escena clásica del siglo XIX, con la espada alzada hacia el cielo.
Pero una estatua oficial no basta para fabricar un recuerdo, después de tomar algunas fotos decidimos interrogar a Angie, una transeúnte. A la pregunta «¿Sabe quién fue Liniers?» ella sonríe y responde que es profesora de matemáticas, no experta en historia.
La Casa de Liniers: una memoria real, íntima, silenciosa
Algunas cuadras detrás de la Plaza de Mayo, la calle Venezuela alberga la antigua casa que habitaba Santiago de Liniers. Aquí, más que relato histórico, encontramos un lugar de memoria, donde la fachada dialoga con tantas otras en este barrio de arquitectura colonial.

El interés del lugar se encuentra justamente ahí: entre el silencio y la adivinanza. Detrás del portón, se imagina una vida, tensiones de épocas, y decisiones – esta energía singular da las ganas muy simples de abrir y entrar para saber más.
Las calles están casi desiertas, al acercarnos percibimos lo que no se ve de lejos: una pequeña placa que señala un edificio patrimonial ligado a Santiago de Liniers, virrey de las Provincias del Río de la Plata. También es posible escanear un código QR para acceder a un contenido explicativo (en español y en inglés).
Una vez terminado el paseo, una evidencia se impone: Santiago de Liniers está en todas partes y en ninguna a la vez. En todas partes, porque Buenos Aires lo vuelve eterno a través de marcas – estatuas, placas, y casa. En ninguna parte, también, tanto estas señales no bastan para crear un recuerdo. Para recordar y comprender, hay que leer, mirar, detenerse, y hacer preguntas a los transeúntes.
Para los amantes de la historia que deseen profundizar su conocimiento de este personaje, también es posible visitar la estancia jesuita Alta Gracia en la provincia de Córdoba, comprada por Liniers en 1810 y que alberga hoy el Museo Casa del Virrey Liniers.

En 1861, el gobierno argentino decidió repatriar los cuerpos de Liniers y sus compañeros a Buenos Aires a pedido de la reina de España, antes de que finalmente fueran transferidos a Cádiz donde reposan desde entonces en el Panteón de los marinos ilustres en la isla de León.


