Museo Santa Felicitas: un fantasma recorre Barracas

Las visitas que se realizan en el Museo Santa Felicitas nos acercan a la historia de Felicitas Guerrero, aquella joven cuya trágica muerte sacudió a la alta sociedad porteña del siglo XIX.


En este museo se encuentran las huellas de la Buenos Aires más remota, y la memoria viva del viejo barrio de Barracas. Lo que hoy se conoce como Museo Santa Felicitas se sostiene desde 2001 sin apoyo estatal. El templo fue edificado en 1875 siguiendo los planos del arquitecto Ernesto Bunge.

Santa Felicitas: un museo autogestionado

Es en realidad un espacio cultural independiente, una asociación civil sin fines de lucro, que desde el 2002 se autogestiona gracias a los bonos contribución de quienes lo visitan y a los aportes en eventos especiales. “El museo no recibe subsidios. Se trabaja con pasión, ad honorem y cada uno de los que participamos tiene otro trabajo: hay docentes, museólogos, arquitectos, restauradores, diseñadores y también exalumnos del instituto”, explica Ellen Hendi, arquitecta y coordinadora del proyecto.

En algunos momentos, incluso, cuando el dinero no alcanzó para cubrir los gastos básicos, las personas que integran el equipo debieron poner dinero de sus propios bolsillos, como ocurrió especialmente en los primeros años y durante la pandemia.

Patricia Tobio, también parte de la coordinación, recuerda que todo lo que hay hoy se hizo a pulmón: “El Templo Escondido, un espacio neogótico donde ahora se realizan jams de dibujo y conciertos, estaba cerrado abandonado. Nos costó muchísimo dejarlo en condiciones para que pudiera volver a abrirse al público”.

¿Qué incluye la visita guiada del Santa Felicitas ?

La visita guiada incluye el templo, el instituto, el Museo de los Túneles y, en fechas especiales, una performance en la que Felicitas “interrumpe” el recorrido, vestida con ropas de época e interpelando a los visitantes.

“La presencia de Felicitas, con su mirada desde otro tiempo, es una estrategia para promover la reflexión sobre lo que cambia y lo que perdura”, cuenta Ellen. La actriz Natalia Miranda, que interpreta al fantasma de Felicitas, guía ese viaje entre pasado y presente. Conversa con el público, se asombra de las camperas infladas que usamos hoy, pregunta si seguimos tomando Hesperidina. Así, lo que pudo ser una visita más, se convierte en una experiencia sensible sobre la historia, con preguntas incómodas y gestos de ternura.

El museo de los túneles, el momento más escalofriante de la visita. Foto: museo Santa Felicitas.
El museo de los túneles, el momento más escalofriante de la visita. Foto: museo Santa Felicitas.

Antes que nada, conviene hacer una aclaración: cuando uno escucha “Iglesia Santa Felicitas” tiende a pensar que la joven fue canonizada. Pero no. A los 26 años, Felicitas fue asesinada por Enrique Ocampo tras haberlo rechazado y decidido casarse con Samuel Sáenz Valiente, considerado el verdadero amor de su vida. El hecho ocurrió en 1872, tres años antes de la inauguración del templo Santa Felicitas.

Los túneles de la historia en el museo de Santa Felicitas

Sus padres, en un intento de rendirle homenaje, construyeron la iglesia en el fondo de la mansión familiar, que hoy es la Plaza Colombia, en la intersección de la avenida Montes de Oca y las calles Brandsen y Pinzón. Le dieron el nombre de Santa Felicitas, en honor a una santa romana del siglo III, pero en referencia a su hija.

Uno de los puntos más impactantes de la visita es el Museo de los Túneles, que recuerda una parte de la historia que muchas veces queda por fuera de los grandes relatos: la de los trabajadores de la zona, antes de la sindicalización, antes de los derechos laborales.

En los pasadizos donde hoy caminan los visitantes, llegaban en aquel entonces miles de obreros y obreras, tiznados y hambrientos, y se dirigían hacia un comedor que las monjas habían montado para ellos. Por unos centavos, podían comer sopa, guiso y un pedazo de pan, una oferta mucho más asequible que cualquier otra disponible en el barrio.

Esos túneles, que parecen susurrar recuerdos, no solo cuentan una historia de caridad, sino de organización, de comunidad, de supervivencia. “Difundimos el patrimonio histórico del barrio a través de historias individuales como la tragedia de Felicitas, colectivas como los oficios, las industrias, la vida barrial y también historias mínimas del presente: artefactos de tecnologías obsoletas, proyectos solidarios, transformaciones urbanas”, agrega Ellen.

La visita del Museo Santa Felicitas también incluye una muestra de objetos donados por vecinos y vecinas del barrio, que ayudan a reconstruir la memoria de los oficios del siglo XX. Desde herramientas de talabarteros hasta muebles de imprenta, se despliega una arqueología doméstica y laboral que construye otra idea de museo: no una institución cerrada sobre sí misma, sino una práctica viva de memoria.

Para quienes quieran una experiencia diferente, el equipo lanzó recientemente “Una Noche con Felicitas”, una visita nocturna el segundo sábado de cada mes, con recorrido por los túneles, intervención escénica de Felicitas, degustación de licor histórico, guiso conventual, vino y música en vivo. Una velada de historia y ficción, con entrada anticipada y reserva previa, donde la memoria cobra cuerpo en una celebración íntima y compartida.

La fachada actual de la iglesia Santa Felicitas, en el barrio de Barrancas. Foto: Valerico Morisi.
La fachada actual de la iglesia Santa Felicitas, en el barrio de Barracas. Foto: Valerico Morisi.

Para visitas guiadas (los sábados y domingos) y reservas del Museo Santa Felicitas podés escribir a: visitasguiadas@santafelicitasmuseo.org.ar

Valerico Morisi
Guionista, crítico de cine y profesional de la comunicación, le gusta la historia y poder encontrar los dobleces que aún no se cuentan de la cultura de la ciudad de Buenos Aires
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