Arquitectura, arte moderno, gastronomía y paisajes que no te esperabas: una guía para descubrir Brasilia, la capital de Brasil.
A tan solo tres horas de vuelo de Buenos Aires, se encuentra Brasilia. Una ciudad fuera del mapa turístico del país vecino, a pesar de ser su capital administrativa.
Brasilia es todo un ícono del urbanismo moderno. La ciudad fue pensada como una obra de arte por el urbanista Lucio Costa y el famosísimo arquitecto brasilero Oscar Niemeyer, que construyó edificios emblemáticos tales como el museo de arte contemporáneo de Niterói, la sede del partido comunista francés y… ¡la catedral de Brasilia!
Entre las supercuadras de Brasilia, concebidas según los principios del movimiento moderno, se esconden cafés de especialidad, restaurantes de excelente calidad, una vida nocturna vibrante… En otras palabras, Brasilia es la escapada perfecta para quienes quieren salirse de los itinerarios brasileros tradicionales y descubrir una ciudad repleta de historia, arte moderno y nuevos paisajes.
Descubriendo Brasilia
Brasilia es una ciudad con rasgos únicos en el mundo: fue planeada y construida desde cero, un proyecto ambicioso llevado a cabo por el presidente Juscelino Kubitschek.
Su construcción comenzó en el año 1956 y estuvo a cargo del urbanista Lúcio Costa, quien concibió la idea inicial de marcar el centro de Brasil con una cruz y, a partir de este gesto, trazar la ciudad.
En el desarrollo del proyecto, la cruz terminó asemejándose a un avión, donde el cuerpo (eje este – oeste) constituye el “Eje Monumental” (donde se encuentran los edificios gubernamentales) y las alas (eje norte – sur) son las zonas residenciales. Aunque muchas veces se suele relacionar la ciudad al nombre de Oscar Niemeyer, el arquitecto carioca no fue responsable del plan de la ciudad, sino del diseño de los edificios “monumentales”.

El estatus de ciudad moderna proyectada bajo “los cinco puntos de Le Corbusier” se deja ver, principalmente, en las zonas residenciales. Distribuidas en supercuadras donde se concentran las residencias y los comercios, presentan todos los principios corbusianos:
- los pilotis,
- la terraza jardín,
- la planta libre,
- la ventana alargada,
- la fachada libre.
Pero lo que más llama la atención es el espacio público y las amplias áreas verdes, perfectas para caminar o pasear en bicicleta.
Por cierto, la cantidad y extensión de las áreas verdes es otro punto destacable, aunque con rasgos positivos y negativos. Si, por un lado, la escala monumental de la ciudad y la amplitud de sus espacios habilitan extensas áreas verdes y un cielo que en perspectiva se asemeja al mar, por otro, es la responsable de la (mala) fama de “ciudad hecha para autos”.
Y, sí, desafortunadamente tiene algo de verdad: para una buena experiencia en la ciudad, es fundamental contar con un auto o incluir viajes en taxi o Uber en el presupuesto. Pero los paisajes definitivamente valen la pena, así como los fines de tarde en el Lago Paranoá, ese lago artificial que abraza la ciudad y que fue construido junto con ella.
¿Qué hacer en Brasilia?
Eje Monumental
En esta avenida se concentran los edificios gubernamentales y otras construcciones icónicas de la ciudad de Brasilia.
Los edificios gubernamentales suelen ofrecer visitas guiadas y gratuitas, que pueden ser agendadas en el sitio web de cada órgano. Cada uno de ellos se destaca por su arquitectura y muchos de ellos poseen rasgos muy especiales en su interior.
Un ejemplo es el Palácio Itamaraty, donde funciona el ministerio de Relaciones Exteriores. El edificio está firmado por Oscar Niemeyer, y en su interior posee jardines del paisajista Roberto Burle Marx, obras del pintor y escultor Athos Bulcão y una colección de arte que incluye nombres como Candido Portinari, Bruno Giorgi, Maria Martins y Jean-Baptiste Debret.

En el caso de los edificios y espacios institucionales, que pueden ser gratuitos o pagos, y en su mayoría no necesitan reserva previa. Aquí un listado de los puntos turísticos y edificios que valen la visita:
Edificios gubernamentales:
- El Congreso Nacional, con sus dos torres gemelas flanqueadas por una cúpula convexa (Cámara de Diputados) y otra cóncava (Senado).
- El Palácio do Planalto, sede del poder ejecutivo, cuya estructura blanca y limpia parece flotar, sostenida por columnas curvas firmadas por Oscar Niemeyer.
- El Palácio da Alvorada, residencia oficial del presidente.
- El Palácio da Justiça, con sus cascadas integradas a la fachada y su estética brutalista.
- El Palácio Itamaraty, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores y que alberga una colección única de obras de arte de artistas brasileños o relacionadas con la historia del país.

Edificios icónicos y puntos de interés:
- La Catedral Metropolitana, quizás la obra más simbólica de Oscar Niemeyer, conocida por sus vitrales coloridos y esculturas flotantes de ángeles.
- La Esplanada dos Ministérios reúne, de forma simétrica, todos los edificios ministeriales y crea un eje monumental.
- La Torre de TV, desde donde se puede observar todo el Eje Monumental. Posee un restaurante famoso por sus tragos de autor. En su base funciona, todos los fines de semana y desde hace muchísimas décadas, una feria de artesanías que es parte de la tradición de la ciudad.
- El Museu Nacional da República, una semiesfera blanca que parece surgir del suelo, aloja exposiciones temporales de arte y cultura.
- El Memorial JK, dedicado a Juscelino Kubitschek, el fundador de la ciudad.
- El Estadio Mané Garrincha, donde la selección Argentina venció 1-0 a Bélgica en cuartos de final del Mundial 2014.

Supercuadras, alas Norte y Sur
Son las zonas residenciales en el interior de la ciudad. Si llegan a visitar Brasilia, no se den por satisfechos con pasar en auto por esta zona. Entren por las supercuadras, caminen por entre los edificios, alquilen una bicicleta y exploren los cafés y restaurantes. Toda esta región es hermosa, muy agradable de pasear y bastante segura.
En el ala Sur, podrán encontrar varios cafés de especialidad, además del parque de la ciudad, una amplia área verde para picnics y paseos en bicicleta. El ala Norte, por otro lado, es famosa por sus bares.

- Café S/A Brasília, para brunchs y meriendas en la tranquilidad de los jardines de las supercuadras.
- The Coffee Ala Sur y Ala Norte, para cafés de especialidad de alta calidad.
- Mercado do Café de Brasília, para probar comidas regionales como la pamonha, el cuscuz y cosas dulces.
- IVV Swinebar, para degustar vinos en un ambiente descontracturado.
- Inverso Bar, Deboche! Bar, Origen Bar, para ponerle onda a la noche, conocer gente y tomarse unas birras o tragos.
- Buraco do Jazz, Clube do Choro, para escuchar música en directo.
Lago Paranoá
El lago abraza toda la ciudad y es tan grande como ella. Posee varias zonas y usos, como clubes deportivos, condominios residenciales y áreas públicas de ocio. Para quienes visitan la ciudad con fines turísticos, se recomienda:
- Almorzar o cenar en los restaurantes del Pontão Lago Sul.
- Cruzar el puente Juscelino Kubitschek.
- Pasear en barco por el lago, en la puesta del sol.
- Ir a un concierto o fiesta en el parque Na Praia.

- Almorzar o cenar en los restaurantes del Pontão Lago Sul (los mejores: Gran Bier, Sallva Bar e Ristorante, Fausto & Manoel, Izzi Wine Garde).
Cerca de Brasilia
Si tenés más días y querés explorar los alrededores de Brasilia, podés:
- Ir a degustar vinos en una de las bodegas cercanas: Vinhedo Lacustre, Casa Vitor o Vinícola Brasília.
- Relajarse unos días en las aguas termales de Caldas Novas (4h en auto).
- Conocer las cascadas y hacer trekking en la Chapada dos Veadeiros (3h en auto).
- Explorar Pirenópolis, con sus cascadas, su arquitectura colonial y sus callecitas empedradas (2h en auto).
¿Por qué visitar Brasilia?
Brasilia no es una ciudad cualquiera. Una de las escasas capitales planificadas desde cero en el mundo, este ícono de la arquitectura modernista es la concreción material de una época de vanguardias y utopías.
Declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1987, es el único conjunto urbano contemporáneo que recibió esta distinción. Una escapada inesperada y poco convencional (el que va a Brasil quiere playa, ¿o no?).


