Líder de la icónica banda de rock Turf, Joaquín Levinton es de River, no sabe cocinar, es ateo, cree en la verdad y está a punto de sacar su primer disco solista… Pero lo que más nos interesa en este artículo es hablar con la gente que mejor lo conoce para entender un poco más Who the fuck is Joaquín Levinton?
La Revue ingresa al departamento de Belgrano que lo vio nacer. Es un lunes soleado, son las 4 de la tarde y Joaquín está llegando de Córdoba. La energía que dejó en el escenario la noche anterior no apagó su chispa. Se lookea para las fotos con un traje de blazer cruzado, cortesía de una marca francesa. Salsa –un cachorro rescatado que adoptó en su clase de yoga– se deja mimar por su dueño y posa con él. Terminada la sesión de fotos, Joaquín se pone algo más cómodo, se tira en el sofá blanco del living y arranca a charlar.
Truman Show
Gran parte de su vida de rock star transcurre de noche, como debe ser. Sin embargo, su agenda se ha ido diversificando: acaba de filmar una película en Uruguay, tres veces por semana ensaya con la banda y siempre hay más shows, eventos y salidas. Lo llaman de todos lados. Cuando puede, viaja por placer. Alguna vez ha ido a París, donde vive su hermana, su único vínculo con Francia. Pero mantiene una rutina paralela, dedicada a las otras salidas: las familiares, los partidos de fútbol con amigos, los paseos con Salsa por la plaza. Y un tiempo extra para conversaciones con extraños: «Ando por la calle todo el tiempo y hablo con todo el mundo. Vivo en un Truman Show: alguien en la calle me habla y por ahí se hace el boludo, pero yo sé que él sabe y él sabe que yo sé, o capaz él no, pero hay una relación de esas.»
¿Cómo es ser Joaquín? «Un montón de cositas», dice, antes de excavar en su anecdotario de sucesos cotidianos que, vividos por él, suelen desembocar en situaciones extraordinarias. El viernes anterior, lo invitan a cantar con Miranda, le prometen un teleprompter para cantar una canción del grupo. A las ocho y media se sube puntual y solo al escenario. La gente grita. Él llega hasta la punta de la pasarela y descubre que no está el teleprompter. No tiene voz y le duele la espalda. Joaquín no sabe la letra de la canción, que ya empieza a sonar. Está frente a treinta mil personas: una pesadilla hecha realidad. «Al día siguiente un niño así de chiquitito se sube al escenario, frena el show, me agarra la pierna y me dice ‘Vos sos mi ídolo’. Esto frente a otras 30.000 personas. Era así, chiquitito, y con una remera del pescado Raúl», relata, haciendo eco al mejor chiste de su participación al programa Master Chef, que le dio fama entre la nueva generación.
Turf tiene 30 años y desde el principio contó con la amistad de Charly García y otros gigantes del rock argentino. En 2025, el grupo de Joaquín lanzó un disco que propone un recorrido por sus canciones más populares, sumando las colaboraciones de Vicentico, Miranda, Conociendo Rusia, La Delio Valdez, Fito Páez y Santi Motorizado. Le pusieron «Polvo de Estrellas» y lo presentaron en el Teatro Gran Rex. Fieles a un estilo desprejuiciado y, capaz, a ese mimo rockero que recibieron ellos, la banda también invitó a participar a la nueva guardia: Lali, Milo J, Luck Ra y Yami Safdie.
¿Cuántos amigos tiene Joaquín?
Joaco, como le dice su amiga Lali, va a los shows y escucha la música de la nueva generación. Celebra que llenen los estadios de Argentina y de Europa. Dice que son geniales revolucionaron todo: «Son abiertos y solidarios, no son competitivos entre sí. En mi época era matar al otro, también para el público era matar al artista con unas piedras, pero porque veníamos del toque de la barbarie, de la dictadura. Estábamos todos locos, yo no, pero la gente estaba re loca».
No sabemos cuántos amigos tiene Joaquín, pero sí que con algunos se junta a jugar a la pelota. Parece que en este juego no destaca tanto como en el de la música, porque le dicen el holograma. Juani Becco, que también es compañero de stream, certifica por mensaje que nunca lo vio de mal humor y que, por suerte, siempre tiene alguna anécdota que hace levantar cualquier cara larga. Unos días después, Ezequiel Araujo recibe a La Revue en su estudio de grabación del Abasto, que queda a unas cuadras de la ex casa de su amigo. Resulta que a mediados de los 1990, Ezequiel, que contaba 16 años de vida, tenía su grupo beatle llamado Band Pass y se cruzaba de noche con Joaquín, que recién empezaba con Turf. No había buena onda: «Fue algo muy gracioso, nos mirábamos, nos tirábamos rayos, no sé si llamarlo rivalidad, era como pica. Pasó el tiempo y nos volvimos a ver en el Faena unos años después, en 2010 habrá sido. Lo bardeé y me dijo ¿Vos escuchaste alguna vez alguna canción mía? Yo le contesté, no, no sé». Hubo otro intervalo de tiempo hasta que se juntaron a hacer música y a verse casi todos los días. Hoy Ezequiel es el productor del primer disco solista del cantante de Turf, ‘Yo soy Joaquín’.
Las canciones que nacieron mientras la banda atravesaba un período de separación (2007-2014) estuvieron a punto de extinguirse entre computadoras y discos rígidos. Aunque ya lo venían hablando en todos estos años, el proyecto terminó de resucitar el día que Joaquín lo llama a Ezequiel para avisarle que su computadora se estaba por romper. Araujo tenía un back up pero sabía que en esa computadora había información que había que recuperar. «Trabajar con él es fantástico. Joaquín es súper inteligente. Confía, sabe trabajar en equipo. Me ha dado muchísima libertad y creo que eso hizo que el disco creciera un montón también», resume Ezequiel y a continuación explicita algo que comprueba sus elogios: Joaquín compartió los derechos de autor del disco con él. Si se le pregunta en qué momento se terminó el disco, concede que todavía falta «mezclar alguna cosita», pero que claro, ya se puede mencionar en la nota. «Como amigo, creo que es la persona con la que más me divertí en la vida. Eso se traslada hacia la gente como un personaje popular, vos ahora nombrás a Raúl y sabés que estás hablando del pescado que hizo Joaquín. Tener ese poder de conectar a las personas en algo me parece fantástico. Me parece que lo logró transmitir con Turf. Logra llegar a la gente cuando está en la televisión o cuando cuenta una historia.»
Crear fantasías
¿Qué cambió en todo este tiempo para los dos amigos sonaran tan bien? «La intensidad que teníamos, hay un abismo», contesta Ezequiel, convencido que el tiempo que pasó les hizo muy bien. Como productor, Ezequiel siente una responsabilidad al producir una canción: «Porque la música la veo tan sagrada, que utilizarla para contar tu historia, bueno, tu historia tiene que tener corazón de alguna forma». Termina nuestro encuentro homenajeando el compositor Joaquín: «Tiene un ángel y una chispa, él es así . Me da la sensación de que va a lograr de nuevo llegar a la gente hablándole directo desde lo íntimo».
Susana Tambutti, madre de Joaquín, recibe nuestro llamado desde Valeria del Mar, donde vive. Antes de ser la mamá del líder de Turf, es una profesora universitaria reconocida, artista coreógrafa con recorrido internacional. Trabajó, entre otras, en la película Tangos, l’exil de Gardel. Su propia historia tiene ecos con la de su hijo: estudió arquitectura pero terminó dedicándose a la danza. «Vengo de una familia humilde», cuenta, y defiende con convicción la universidad pública y gratuita que le permitió estudiar. Cuando cursaba tercer año, ya no tenía dudas: quería hacer danza. Por eso, cuando Joaquín manifestó sus inquietudes artísticas, jamás le puso trabas. Ni ella ni el padre le pidieron ir para un camino que no era el suyo. Se la veían venir. Esa anticipación incluía también los miedos habituales: los excesos propios del ambiente. Pero Joaquín es un tipo con suerte. De las mil situaciones de las que salió airoso, se sumó otra unas semanas después de nuestro encuentro: tuvo un infarto que pudo ser tratado a tiempo. Al poco tiempo, volvió a crear fantasías.
Susana recuerda que fue ella quien le regaló su primera guitarra. Fue en Estados Unidos, la «famosa Stratocaster». En ese entonces, trabajaba en el American Dance Festival y tenía un amigo bastante mayor que ella, Nathan Clark, dueño de la fábrica de zapatos inglesa Clark, uno de los benefactores del evento. Cuando le contó que Joaquín quería estudiar música, Clark le ofreció regalarle la guitarra y fueron juntos a comprarla.
El sentido del humor de Joaquín, ese rasgo tan distintivo de su personalidad, vendría de la familia materna. «Desde muy chico era muy gracioso, pero muy gracioso», dice Susana. «Y lo que tiene es una cosa muy espontánea, es muy rápido». Inclusive para la discusión, tiene una manera de salir con humor, sobre todo con ella. «Las madres son un poco pesadas a veces», sigue Susana. «Entonces nunca me enfrenta, va por el costado. Esquiva la situación con mucha habilidad, no va al choque nunca». Joaquín le pide opinión, pero indirectamente. Le tira un video, espera que ella diga algo. Susana se cuida, pero él la quiere escuchar. Todo lo vuelve un juego.
Abanderado en la primaria
De chico era hábil para construir cosas: hacía camioncitos con madera, tenía destreza manual —cosa que perdió completamente, según su madre. Y aquí viene una revelación que, confiesa Susana, Joaquín no le va a perdonar: «Él muestra un perfil como si hubiera sido zarpado, mal alumno. Pero fue abanderado en la escuela primaria y escolta en la secundaria. Nunca se llevó una materia». Cuando habla parece que no estudiaba, que era un rebelde. El CBC no lo quiso seguir, pero aprobó las materias. «No sé si el pasado rebelde lo quiere reivindicar como parte de su personalidad rockera», reflexiona Susana, «pero la realidad es que era muy buen estudiante y muy querido por los maestros, no tenía nada de pibe hincha. Es interesante cómo cada uno quiere construir su perfil». También es cierto que muchas de sus aventuras -hechos reales condimentados con toques de magia- son de público conocimiento, aunque Joaco asegura que ahora es más ordenado, responsable y cuidadoso porque antes estaba muy metido en la vida del rock and roll y los sucesos. Si todo sigue así, este niño profesional seguirá inventando las reglas de su propio juego.
Un pescado llamado Raúl
Muchas abuelitas y chicos de 7 años no sabían quién era Joaquín, hasta que su participación en la 3ra temporada del reality MasterChef Celebrity, en 2022, lo hizo atravesar la pantalla no gracias a su talento para cocinar, pero sí por todo lo demás.
Los archivos cuentan que ese día, el desafío del día era hacer un plato colorido, con muchos ingredientes. Joaquín terminó preparando un lenguado al champiñón con papas y coliflor. Cuando tuvo que describir los ingredientes de su plato al jurado de prestigiosos chefs, el diálogo fue más o menos así:
-¿Qué cocinaste?, pregunta el chef Germán Martitegui.
-Un pescadito, contestó Joaquín
-¿Un pescadito? tiene nombre?”, insistió el jurado para conocer la variedad.
-¡Raúl!”, le vi cara de ‘Raúl’ a ese pescado”.
En ese momento, estallaron las risas en el estudio y los memes en las redes. Joaquín afirma que el formato familiar, didáctico y lúdico de MasterChef le dió mucha visibilidad y habilitó otra beta para su perfil aniñado y juguetón, chicos de todo el país se identificaron con el asunto de ponerle nombre del plato. De paso, aclara que realmente no le importaba ni quería ganar en el reality, sabía que era imposible.
Levinton confiesa que antes era más cerrado y que gracias a ese programa se vinculó con personas ‘buenísimas y bárbaras’ que nunca hubiera imaginado conocer. Sobre la posibilidad de volver a participar en un reality así, responde con un no categórico, aunque se corrige y remata: “nunca digas nunca”.


