El Malecón, atardecer con ritmos de salsa de fondo

Son las 18 horas y el sol se esconde en Puerto Madero, el barrio que sigue creciendo a orillas del Río de la Plata. Entre los atractivos y cálidos restaurantes por un lado y la reserva ecológica por el otro, en Puerto Madero se respira tranquilidad. Sin embargo, sobre la explanada frente a la Laguna de los Coipos, el ambiente se anima para dar comienzo a un atardecer con sonidos irresistibles.

Todos los domingos, Jorge, el fundador de Malecón, organiza un “baile” en donde se reúnen cientos de aficionados y bailarines de salsa y de bachata. Dos grandes sistemas de audio transmiten música sin parar, Jorge se encuentra detrás de la barra improvisada y es el disc-jockey oficial de la fiesta. En la pista de baile al aire libre, el espectáculo y el ambiente son increíbles, por un lado se puede apreciar la tranquilidad de la reserva ecológica de Puerto Madero, por el otro la efervescencia de las parejas que se mueven al ritmo latino del momento cantado por Romeo Santo o Marc Anthony, entre otros.

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El evento es gratis pero pueden aportar alguna donación para colaborar con la buena organización de la fiesta. Ya sea porque son buenos bailarines o simplemente porque tienen ganas de asombrarse con los pasos de las excelentes parejas de baile que concurren allí, no duden ni por un momento y pasen por Malecón, podrán sentir en carne propia la atmósfera cubana a medida que va transcurriendo la tarde.

Puerto Madero es un barrio muy concurrido y en donde se encuentran distintos tipos de restaurantes y especialidades, por ejemplo el suculento restaurante La Madeleine, donde podrán cenar luego de sus pasos de baile. Más temprano pueden dar un paseo por el corazón de Puerto Madero, en la reserva ecológica, el pulmón verde de Buenos Aires.

El Malecón
Macacha Güemes y Costanera Sur  – Puerto Madero
Todos los  domingos entre 15h y 22h
Gratuito

Traductora pública de francés, apasionada por el idioma y la comida de todo el mundo. En parte bretona y porteña a la hora de salir elijo descubrir los lugares con ese "no sé qué" indescriptible.