TOP 8: El Buenos Aires de antaño en 8 escalas

Buenos Aires Antaño

“Mi Buenos Aires querido” cantaba el Mudo. Si quieren salir a descubrir la ciudad tal como la vivió y la amó Carlos Gardel, sigan nuestro itinerario propuesto.

En San Telmo, sean recién llegados o porteños nacidos y criados, los cafés notables El Federal y La Poesía tienen todo para enamorarlos. Con su largo mostrador, su mobiliario de madera, los retratos que cubren las paredes y todo un cambalache de objetos antiguos, imposible no sentirse catapultados cien años atrás. No se olviden de pedir un buen chocolate caliente o una refrescante cerveza artesanal, según el clima.

Cuestión restaurante, el referente del barrio es Pedro Telmo, atendido por la misma familia desde siempre. Una de las mejores cantinas donde comer una pizza o unas buenas lasañas, mirando de reojo el televisor con un partido de fútbol o el noticiero. Van a ser atendidos por la madre del dueño –tremendo personaje- o El Tano, que debería haber sido actor de teatro…

En el barrio de Almagro todavía podemos vivir esas marcas del pasado, y nada mejor que una buena merienda con todas las letras en el hermoso y tradicional café Las Violetas cuyo inmenso salón parece salir de una película argentina en blanco y negro.

Si quieren vivir lo que es un bodegón, encaren para La Viña del Abasto, alegoría de este establecimiento típicamente rioplatense, donde se comen abundantes porciones de pasta en un ambiente bien popular.

Panza llena y corazón contento, La Catedral los espera para una clase de tango en la milonga más atractiva de la ciudad. En esta antigua fábrica, expertos y principiantes se encuentran para darle rienda libre a su pasión por el “dos por cuatro”. El martes es el día de mayor afluencia.

En Boedo, el Café Margot sigue la tradición de los cafés notables, como sus primos de San Telmo. En un ambiente similar, se degusta toda clase de especialidades argentinas, desde la milanesa napolitana al fernet con coca.

Los pájaros nocturnos (y deportistas) terminarán su noche en Villa Crespo, en el café San Bernardo –el “Sanber” para los amigos- para partidos interminables de ping-pong, pool y metegol. Detrás de la barra, entre largas ristras de ajo, innumerables licores y otras bebidas sirven de combustible a una juventud que no pega un ojo en toda la noche…

Foto: Not what Insipi does.