Bianchi en el MAMBA: entre el deshecho y la relectura

bianchi

Fecha de inicio: 22 de abril de 2017
Fecha de cierre: 6 de agosto de 2017

El artista argentino Diego Bianchi irrumpe en el Mamba (Museo de arte moderno de Buenos Aires) con una muestra interesante, arriesgada y rupturista. La exhibición hace partícipe al espectador, al tiempo que lo interpela para que busque significados, interprete las formas del caos y reavive su lectura de lo canónico y petrificado. Esta es una muestra compleja pero no por eso menos amena.

Bianchi nos propone un recorrido interactivo en el primer piso del museo, en el mismo lugar, lo cual no parece una coincidencia, donde estaba La Menesunda de Marta Minujín. Varias lecturas fructíferas podrían salir de este encuentro. En fin, la muestra comienza con un pasillo blanco que nos inicia en un camino de desniveles, paredes rotas, tubos de luces y demás despojos industriales. Como niños vamos descubriendo esta fauna de escombros, mientras, por ventanas, vidrios y agujeros, comenzamos a ver la sala principal que se anuncia progresivamente.

La segunda parte de la exhibición se constituye de un conjunto de obras del artista dispuestas a la par de obras provenientes del patrimonio del museo. Bianchi busca cuestionar cómo miramos esas obras que en este nuevo contexto adquieren nueva vida, y de alguna manera discute las atribuciones esenciales del significado.

Bianchi ejercita el grotesco y la estética del pastiche. A través de deshechos (maniquíes enteros o en partes, ropas, cubiertas de autos o de bicicletas, maderas, etc.), Bianchi crea personajes monstruosos y escenarios tullidos, al tiempo que luces intermitentes proyectan sombras sobre los muros y sonidos quejumbrosos coronan una atmósfera postapocalíptica. Nuestro propio rostro nos sorprende en espejos. Puede que la clave de toda esta sala yazga en un detalle magistral. El espacio cuenta con un muro curvo que nos obliga a un recorrido y que cuestiona las lógicas del museo (un muro similar había sido usado por el Mamba en su muestra de dibujos de Picasso). El muro está recubierto por lonjas de espejos que lo hacen relucir, pero que a la vez denuncian un artificio, una hechura. A través de las junturas de los espejos, surgen pelos que parecen colarse como una filtración. Igual que la tortuga de Huysmans, que se pudría aunque estaba recubierta de piedras preciosas, Bianchi parece querer decirnos que toda pureza es falsa y que el sentido acaba por hacer estallar las formas impuestas que lo aprisionan. Como la humedad, lo grotesco fisura cualquier superficie y denuncia todo engaño.

El Mamba nos invita a una exhibición que necesita del espectador para funcionar, o mejor dicho, que pone en evidencia la necesidad del espectador en cualquier hecho estético. Bianchi ha organizado una muestra tan divertida como fascinante, que permite al espectador involucrarse de diferente manera. Cuando salgan del mundo algo escalofriante de Bianchi, no duden en caminar por la zona, ir a comer al Mercadito Latino o tomar una pinta en Gibraltar.

Bianchi. El presente está encantadorMamba
Av. San Juan 350 – San Telmo
Tel: 4361-6919
De martes a viernes de 11h a 19h, sábado y domingo de 11h a 20h
Precio: Entrada general 20$, martes gratuito.

Foto: Santiago Hamelau